HERRAMIENTA DE CONTROL
Una amiga dice que el ser humano es el único animal que espera obtener resultados distintos al realizar las cosas de la misma manera. Esto se puede aplicar también al uso del lenguaje. Las frases hechas que utilizamos en el lenguaje oral, poseen siempre respuestas automáticas. Una agresión verbal se responde con otra, una frase de cortesía, igual. Las conversaciones típicas entre los grupos manejan temas y frases estructuradas que dan la idea de una comunicación satisfactoria, cuando en realidad únicamente se realiza un intercambio de convenciones. Sin embargo, el uso de este lenguaje familiar puede llegar a dificultarnos el obtener respuestas distintas de las que deseamos, al plantear una situación de la que de antemano sabemos la reacción que suscitará. Aquí entra el manejo hábil del lenguaje; y nada tiene mayor efecto que el utilizarlo de manera descomunal. Hoy lo aplicaron en mí, en un restaurante de comida rápida (seguramente estos conocimientos son parte de la capacitación de su personal, y lo utilizan como estrategia para mantener a los clientes "satisfechos").
No se me antojó nada de la junk food de ese lugar, la verdad, pero la idea de hacer de comer se me antojó menos; así que ordené una hamburguesa por el drive-thru. Esperé a que avanzaran los cinco carros que estaban frente a mí para recibir mi hamburguesa. Tocó mi turno, y un hombre de uniforme a rayas ( y aspecto artificial, porque algo raro les pasa a los trabajadores de las empresas transnacionales: los capacitan tanto que los transforman en parte del inmueble; los veo y se me hace imposible que sean tijuanenses normales, seguramente viven en lugares especiales y secretos de la ciudad) se acercó sonriendo a la ventanilla y me dijo:
--Lo siento, pero su hamburguesa se bajó al momento de ordenarla. Si gusta, estaciónese en la línea amarilla y en un momento se la llevo.
Sin cuestionar nada, no pude más que obedecer ante tan grave situación. Me estacioné donde me indicaron esperando que todo saliera bien. En un par de minutos, el habitante de la Tijuana secreta salió y me entregó la hamburguesa. Para entonces yo ya había identificado su estrategia, pero no me quejé: una enseñanza de esas no se obtiene en ningún lado por veintitrés pesos.
Filtro cerebral es un artefacto inexistente formado de palabras cuya finalidad es la bùsqueda de nimiedades.
sábado, enero 25
martes, enero 21
LOS GUSTOS
Es imposible que la elección de esto o aquello provenga de un lugar misterioso que se encuentra dentro de nosotros: nuestro gustos no son más que reconocimiento, preferencia hacia lo conocido que se realiza consciente o inconscientemente. Ese sabor que preferimos tal vez fue el primero que probamos de pequeños, o probablemente lo asociamos a alguna experiencia placentera que hemos olvidado, pero que sucedió. Los gustos responden a un condicionamiento, no necesariamente impuesto por terceros, que nos orilla a elegir tal o cual cosa.
Poseemos la capacidad de desarrollar gustos a través del tiempo, al ir conociendo y aprendiendo; sin embargo, dichos gustos se ven influenciados por los mismos conocimientos que adquirimos, y que nos guían a tomar preferencias.
Cada nueva experiencia, posee la capacidad de modificar nuestro gustos; pero al igual que con la conducta, podemos elegir si los modificamos o no. Elegir, no generar. Los gustos no son "un proceso mental", si no que forman parte del proceso mental que denominamos Aprendizaje.
Es imposible que la elección de esto o aquello provenga de un lugar misterioso que se encuentra dentro de nosotros: nuestro gustos no son más que reconocimiento, preferencia hacia lo conocido que se realiza consciente o inconscientemente. Ese sabor que preferimos tal vez fue el primero que probamos de pequeños, o probablemente lo asociamos a alguna experiencia placentera que hemos olvidado, pero que sucedió. Los gustos responden a un condicionamiento, no necesariamente impuesto por terceros, que nos orilla a elegir tal o cual cosa.
Poseemos la capacidad de desarrollar gustos a través del tiempo, al ir conociendo y aprendiendo; sin embargo, dichos gustos se ven influenciados por los mismos conocimientos que adquirimos, y que nos guían a tomar preferencias.
Cada nueva experiencia, posee la capacidad de modificar nuestro gustos; pero al igual que con la conducta, podemos elegir si los modificamos o no. Elegir, no generar. Los gustos no son "un proceso mental", si no que forman parte del proceso mental que denominamos Aprendizaje.
EL PRIMERO
Sean buenos o malos, los finales son detestables: permiten conocer el resultado, y lo mejor en la vida es el desconocer. Recordemos cada final que hemos vivido, el último día de esto o aquello y comprobaremos que carece de emoción, aún cuando suponga el final de una situación angustiosa o de sufrimiento.
El final nos deja instalados en el limbo de conocerlo todo, sin la posibilidad de ir más adelante: toda curiosidad ha sido satisfecha. Por esto, la recomendación de vivir cada día cómo si fuese el último es lo más absurdo que he escuchado: vivir cada día un final. Este consejo supone nostalgia y, por consiguiente, cursilería.
Observar las cosas y las personas con la consciencia de que lo hemos hecho durante años, es de lo más tedioso. Asirnos a ellas cómo si fueran a desaparecer mañana, con una actitud enfermiza y ridícula. Yo, quien disfruta glotonamente de los inicios, apoyo una recomendación contraria: vivir cada día cómo si fuese el primero, sin memoria, con el asombro de quien se enfrenta a la vida por primera vez. Desarrollar una convivencia con el otro, no como quien teme perderlo, sino como quien lo descubre y lo valora no por lo que ha sido a través del tiempo, sino por lo que es, en este momento. Un día al que vale la pena levantarse, pues, bueno o malo, nos ofrece la posibilidad de descubrirlo, saboreándolo por ser el primero, el único, el desconocido.
Sean buenos o malos, los finales son detestables: permiten conocer el resultado, y lo mejor en la vida es el desconocer. Recordemos cada final que hemos vivido, el último día de esto o aquello y comprobaremos que carece de emoción, aún cuando suponga el final de una situación angustiosa o de sufrimiento.
El final nos deja instalados en el limbo de conocerlo todo, sin la posibilidad de ir más adelante: toda curiosidad ha sido satisfecha. Por esto, la recomendación de vivir cada día cómo si fuese el último es lo más absurdo que he escuchado: vivir cada día un final. Este consejo supone nostalgia y, por consiguiente, cursilería.
Observar las cosas y las personas con la consciencia de que lo hemos hecho durante años, es de lo más tedioso. Asirnos a ellas cómo si fueran a desaparecer mañana, con una actitud enfermiza y ridícula. Yo, quien disfruta glotonamente de los inicios, apoyo una recomendación contraria: vivir cada día cómo si fuese el primero, sin memoria, con el asombro de quien se enfrenta a la vida por primera vez. Desarrollar una convivencia con el otro, no como quien teme perderlo, sino como quien lo descubre y lo valora no por lo que ha sido a través del tiempo, sino por lo que es, en este momento. Un día al que vale la pena levantarse, pues, bueno o malo, nos ofrece la posibilidad de descubrirlo, saboreándolo por ser el primero, el único, el desconocido.
LA OTRA TIJUANA
Esta tarde, mientras recordaba una plática, intenté encontrar un color para cada avenida por la que transité. Y es que siempre es interesante mirar lo mismo con otros ojos, aunque con frecuencia resulte imposible. Sin embargo, tal mirada nos la ofrecen quienes vienen de fuera y se enfrentan ante la realidad que creemos inamovible. Ellos llegan y transforman nuestra visión con sus opiniones, costumbres y maneras de vivir. Esta fusión de visiones es refrescante y nos ofrece un panorama cambiante que de otro modo resultaría insoportable. Es la curiosidad del pueblerino por el forastero, elevada a la décima potencia, lo que mantiene el dinamismo en esta ciudad. La inserción en nuestra mente de esos mundos desconocidos que llegan a nosotros a través de las voces de quienes los habitaron alguna vez, nos obliga a hacer comparaciones con nuestro ambiente, y el comparar invita a analizar, y esto a su vez a re-conocer lo que hemos dado por conocido.
Es obvio que la convivencia con quienes, al igual que nosotros, han tenido como cuna esta ciudad, produzca una mayor identificación que va desde el uso del lenguaje hasta las memorias de la infancia; sin embargo, el enriquecimiento se da en lo distinto, y esto lo aportan con creces quienes provienen de otros sitios, se expresan de otra manera y cuentan con otras memorias.
Hace un par de días, estaba con una amiga que tiene poco tiempo de vivir en Tijuana; yo intentaba darle direcciones para que pudiera llegar sin problemas de mi casa a la suya, cuando me dijo, refiriéndose al boulevard Agua Caliente:
–¿Y subiendo por ahí llego al boulevard rojo?
Tuve sospechas de por qué llamaba así a ese boulevard, pero no quise preguntarle. Colores para las calles: ella observa una ciudad caleidoscópica en la que es posible orientarse por el color, diluyendo así la leyenda negra a través de su mirada, de las miles de miradas que llegan cada segundo a Tijuana, transformándola ante nosotros con sus voces, sus manos y el fluir dinámico de sus diferencias.
Esta tarde, mientras recordaba una plática, intenté encontrar un color para cada avenida por la que transité. Y es que siempre es interesante mirar lo mismo con otros ojos, aunque con frecuencia resulte imposible. Sin embargo, tal mirada nos la ofrecen quienes vienen de fuera y se enfrentan ante la realidad que creemos inamovible. Ellos llegan y transforman nuestra visión con sus opiniones, costumbres y maneras de vivir. Esta fusión de visiones es refrescante y nos ofrece un panorama cambiante que de otro modo resultaría insoportable. Es la curiosidad del pueblerino por el forastero, elevada a la décima potencia, lo que mantiene el dinamismo en esta ciudad. La inserción en nuestra mente de esos mundos desconocidos que llegan a nosotros a través de las voces de quienes los habitaron alguna vez, nos obliga a hacer comparaciones con nuestro ambiente, y el comparar invita a analizar, y esto a su vez a re-conocer lo que hemos dado por conocido.
Es obvio que la convivencia con quienes, al igual que nosotros, han tenido como cuna esta ciudad, produzca una mayor identificación que va desde el uso del lenguaje hasta las memorias de la infancia; sin embargo, el enriquecimiento se da en lo distinto, y esto lo aportan con creces quienes provienen de otros sitios, se expresan de otra manera y cuentan con otras memorias.
Hace un par de días, estaba con una amiga que tiene poco tiempo de vivir en Tijuana; yo intentaba darle direcciones para que pudiera llegar sin problemas de mi casa a la suya, cuando me dijo, refiriéndose al boulevard Agua Caliente:
–¿Y subiendo por ahí llego al boulevard rojo?
Tuve sospechas de por qué llamaba así a ese boulevard, pero no quise preguntarle. Colores para las calles: ella observa una ciudad caleidoscópica en la que es posible orientarse por el color, diluyendo así la leyenda negra a través de su mirada, de las miles de miradas que llegan cada segundo a Tijuana, transformándola ante nosotros con sus voces, sus manos y el fluir dinámico de sus diferencias.
VENGANZA
Esto es lo que él quería: un silencio inquebrantable, una masa densa de aire que no fuese traspasada por las impertinencias de la compañía: sólo él y la palabra escrita, para siempre. Ahora lo tiene, y observa sombras que intentan amedrentar su intento por asirse al mundo que le pertenece.
Su mayor anhelo es alejarse de los ruidosos pasos a seguir, los cuales se regodean cuando sus huellas viejas son recorridas de nuevo, con el mismo, cansado ritmo. Nadie los ha visto, pues se esconden en el lenguaje, están en la mente de los hombres en forma de palabras, y se repiten de generación en generación. De eso ha huido, de la palabra hablada. Desde pequeño fue causa de terror, de cien noches de sudor en la cama infantil. Los pasos a seguir (o las palabras), se las repetían desde lejos, desde las miles de voces de antaño que reencarnan en la lengua de las aún vivas. Y en busca de venganza salió esa tarde, consumiendo pensamientos para inundarse de palabras que nunca diría, pues sabe que solamente es dueño de lo que no dice, de lo demás, es esclavo.
La pasta de dientes que compró antes de llegar a su nueva guarida le pareció absurda, pues la utilizaría para lavar el artefacto reproductor de palabras, para mantenerlo en buen estado, y ahora lo único que deseaba era darle el menor uso posible. Ahora sus palabras pasarían directamente de la mente a la letra, para observarlas con cuidado, pues el sonido es rápido y desaparece, sin permitirle tomar a las desgraciadas y hacerlas pagar por todo lo que han hecho; sin embargo, las palabras escritas se quedan ahí, expuestas, temblando de miedo ante la posibilidad de ser sustituidas, reescritas, violadas, eliminadas. Se paran desnudas y vulnerables ante su creador. Por eso decidió dedicar su vida a torturar palabras, así, una a una, pagarían la cuenta pendiente que tienen con él. Así como una vez fue impotente ante ellas y las escuchó desde un rincón del clóset con las manos temblorosas, así las colocaría en la hoja, una a una, observándolas con mirada amenazante, sin hacerles saber si permanecerán enteras o mutiladas, temporalmente o para siempre; disfrutando del exquisito placer de su agonía.
Esto es lo que él quería: un silencio inquebrantable, una masa densa de aire que no fuese traspasada por las impertinencias de la compañía: sólo él y la palabra escrita, para siempre. Ahora lo tiene, y observa sombras que intentan amedrentar su intento por asirse al mundo que le pertenece.
Su mayor anhelo es alejarse de los ruidosos pasos a seguir, los cuales se regodean cuando sus huellas viejas son recorridas de nuevo, con el mismo, cansado ritmo. Nadie los ha visto, pues se esconden en el lenguaje, están en la mente de los hombres en forma de palabras, y se repiten de generación en generación. De eso ha huido, de la palabra hablada. Desde pequeño fue causa de terror, de cien noches de sudor en la cama infantil. Los pasos a seguir (o las palabras), se las repetían desde lejos, desde las miles de voces de antaño que reencarnan en la lengua de las aún vivas. Y en busca de venganza salió esa tarde, consumiendo pensamientos para inundarse de palabras que nunca diría, pues sabe que solamente es dueño de lo que no dice, de lo demás, es esclavo.
La pasta de dientes que compró antes de llegar a su nueva guarida le pareció absurda, pues la utilizaría para lavar el artefacto reproductor de palabras, para mantenerlo en buen estado, y ahora lo único que deseaba era darle el menor uso posible. Ahora sus palabras pasarían directamente de la mente a la letra, para observarlas con cuidado, pues el sonido es rápido y desaparece, sin permitirle tomar a las desgraciadas y hacerlas pagar por todo lo que han hecho; sin embargo, las palabras escritas se quedan ahí, expuestas, temblando de miedo ante la posibilidad de ser sustituidas, reescritas, violadas, eliminadas. Se paran desnudas y vulnerables ante su creador. Por eso decidió dedicar su vida a torturar palabras, así, una a una, pagarían la cuenta pendiente que tienen con él. Así como una vez fue impotente ante ellas y las escuchó desde un rincón del clóset con las manos temblorosas, así las colocaría en la hoja, una a una, observándolas con mirada amenazante, sin hacerles saber si permanecerán enteras o mutiladas, temporalmente o para siempre; disfrutando del exquisito placer de su agonía.
martes, enero 14
AUTORREPARACION
Ya sea que lo consideremos un todo con nuestra mente, o un recipiente en el que habitamos, es inevitable el hecho de que permanecerá con nosotros hasta que muramos. Y pese a esta obvia realidad, lo desconocemos más que a la historia de México. Acudimos con él a la escuela, en donde nos saturan con todo tipo de conocimientos, útiles y no; conocimientos que nunca nos servirán para componer a la masa molecular en la que vivimos, nos movemos y somos.
Me doy cuenta de mi ignorancia con respecto a mi cuerpo siempre que, como hoy, alguna enfermedad me invade y tengo que recurrir a los consejos de un médico para sentirme mejor. A través del tiempo, he elaborado una pequeña lista de medicamentos que me han sido recetados en situaciones similares: para una infección respiratoria, un antibiótico, un analgésico, un antiestamínico y un desinflamatorio; para infección estomacal, un antibiótico, un supresor de naúseas (si hay vomito), un recubrimiento para la flora intestinal y algún analgésico estomacal; gastritis y... en fin, una lista para remediar los problemas más comunes. Creo que todos deberíamos conocer nuestro cuerpo y los remedios para sus enfermedades lo suficiente para ser capaces de prescindir del médico general. Es absurdo que dediquemos casi veinte años de nuestra vida al estudio escolar sin adquirir nociones de cómo reparar el medio a través del cual se manifiesta nuestro pensamiento. El estudio de la medicina debe ser una materia básica en la enseñanza formal, y para los que no la hemos recibido por ese medio, no cae mal interesarnos en éste tema, que además de fascinante, nos permitirá llevar una vida mejor, evitando sufrimientos y gastos innecesarios.
RECETA DE HOY (torceduras y dolor lumbar)
1 ampolleta de Diprospán (desinflamatorio)
3 ampolletas (una cada 24 hrs.) de Mobicox (analgésico y relajante muscular)
1 tableta de tabalón de 400mg. cada 8 hrs. mientras persista el dolor (analgésico, ibuprofeno)
Ya sea que lo consideremos un todo con nuestra mente, o un recipiente en el que habitamos, es inevitable el hecho de que permanecerá con nosotros hasta que muramos. Y pese a esta obvia realidad, lo desconocemos más que a la historia de México. Acudimos con él a la escuela, en donde nos saturan con todo tipo de conocimientos, útiles y no; conocimientos que nunca nos servirán para componer a la masa molecular en la que vivimos, nos movemos y somos.
Me doy cuenta de mi ignorancia con respecto a mi cuerpo siempre que, como hoy, alguna enfermedad me invade y tengo que recurrir a los consejos de un médico para sentirme mejor. A través del tiempo, he elaborado una pequeña lista de medicamentos que me han sido recetados en situaciones similares: para una infección respiratoria, un antibiótico, un analgésico, un antiestamínico y un desinflamatorio; para infección estomacal, un antibiótico, un supresor de naúseas (si hay vomito), un recubrimiento para la flora intestinal y algún analgésico estomacal; gastritis y... en fin, una lista para remediar los problemas más comunes. Creo que todos deberíamos conocer nuestro cuerpo y los remedios para sus enfermedades lo suficiente para ser capaces de prescindir del médico general. Es absurdo que dediquemos casi veinte años de nuestra vida al estudio escolar sin adquirir nociones de cómo reparar el medio a través del cual se manifiesta nuestro pensamiento. El estudio de la medicina debe ser una materia básica en la enseñanza formal, y para los que no la hemos recibido por ese medio, no cae mal interesarnos en éste tema, que además de fascinante, nos permitirá llevar una vida mejor, evitando sufrimientos y gastos innecesarios.
RECETA DE HOY (torceduras y dolor lumbar)
1 ampolleta de Diprospán (desinflamatorio)
3 ampolletas (una cada 24 hrs.) de Mobicox (analgésico y relajante muscular)
1 tableta de tabalón de 400mg. cada 8 hrs. mientras persista el dolor (analgésico, ibuprofeno)
ARTESANÍAS EN PELIGRO DE EXTINCION
No estuve totalmente deacuerdo en dedicar un día de ese viaje a ir a Guadalajara, pues presentía que no era un paseo para disfrutar. Estaba en lo cierto. Llevábamos una hora de camino cuando la plática se encaminó a las verdaderas intenciones: las compras. Iríamos antes que nada a Tonalá; esa especie de tianguis de artesanías que atrae al turismo por sus supuestos precios bajos. Ellas cacaraqueaban como gallinas de las maravillas que seguramente encontrarían en ese lugar, yo sonreía y las escuchaba. Me preguntaron:
--Oye Mayra, y tú que vas a comprar.
--Nada, no tengo ganas de comprar.
Observé su confusión ante mi respuesta, no supieron si reir o enfadarse; y optaron por soltar una risita corta e indecisa. Reí a carcajadas para mis adentros, y añadí.
--No me hace falta ningún adorno en mi casa.
Me gustan las cosas únicas: ese jarroncito escondido al fondo de la tienda que parece haber sido enviado hace tiempo, desde Africa. La canasta tejida a mano, con la peculiaridad que le dan los errores en el tejido. Hace tiempo creí que encontraría eso en Tonalá: verdadera artesanía mexicana, piezas únicas. Sin embargo, la globalización ha influenciado a los artesanos. El éxito de la producción en masa los ha hecho repensar su producción. Reaccionan a las modas, a los gustos del consumidor. Están en su derecho, necesitan vender y así lo logran. Desgraciadamente, el resultado de todo ésto es la repetición. Al igual que en los callejones de Los Angeles, uno camina por los interminables puesto de Tonalá para ver, una y otra vez, los mismos artículos, los mismos precios, lo mismo. Lo que podría parecer bello, termina por cansar la vista.
Caminé cerca de cinco horas por el lugar, observando cómo el par de mujeres que me acompañaban adquirían maceteros, vasos, candeleros, todo tipo de cosas de las que abundaban por ahí. Creo que la mercadotecnia funcionó, pero yo no hubiera encontrado una pieza lo suficientemente singular para atraer mi atención, si no observo con cuidado un tendido, en el que un hombre ofrecía unos collares de piedras negras y cafés.
--De qué son?
--Son semillas de guaje. Mire, son esos árboles que están allí. Alcanza a ver la vainas? pues de ahí son las semillas.
El collar adquirió significado en mi mano, y elegí uno de estructura triangular; el único que encontré sobre la manta extendida sin pretenciones sobre la banqueta.
No estuve totalmente deacuerdo en dedicar un día de ese viaje a ir a Guadalajara, pues presentía que no era un paseo para disfrutar. Estaba en lo cierto. Llevábamos una hora de camino cuando la plática se encaminó a las verdaderas intenciones: las compras. Iríamos antes que nada a Tonalá; esa especie de tianguis de artesanías que atrae al turismo por sus supuestos precios bajos. Ellas cacaraqueaban como gallinas de las maravillas que seguramente encontrarían en ese lugar, yo sonreía y las escuchaba. Me preguntaron:
--Oye Mayra, y tú que vas a comprar.
--Nada, no tengo ganas de comprar.
Observé su confusión ante mi respuesta, no supieron si reir o enfadarse; y optaron por soltar una risita corta e indecisa. Reí a carcajadas para mis adentros, y añadí.
--No me hace falta ningún adorno en mi casa.
Me gustan las cosas únicas: ese jarroncito escondido al fondo de la tienda que parece haber sido enviado hace tiempo, desde Africa. La canasta tejida a mano, con la peculiaridad que le dan los errores en el tejido. Hace tiempo creí que encontraría eso en Tonalá: verdadera artesanía mexicana, piezas únicas. Sin embargo, la globalización ha influenciado a los artesanos. El éxito de la producción en masa los ha hecho repensar su producción. Reaccionan a las modas, a los gustos del consumidor. Están en su derecho, necesitan vender y así lo logran. Desgraciadamente, el resultado de todo ésto es la repetición. Al igual que en los callejones de Los Angeles, uno camina por los interminables puesto de Tonalá para ver, una y otra vez, los mismos artículos, los mismos precios, lo mismo. Lo que podría parecer bello, termina por cansar la vista.
Caminé cerca de cinco horas por el lugar, observando cómo el par de mujeres que me acompañaban adquirían maceteros, vasos, candeleros, todo tipo de cosas de las que abundaban por ahí. Creo que la mercadotecnia funcionó, pero yo no hubiera encontrado una pieza lo suficientemente singular para atraer mi atención, si no observo con cuidado un tendido, en el que un hombre ofrecía unos collares de piedras negras y cafés.
--De qué son?
--Son semillas de guaje. Mire, son esos árboles que están allí. Alcanza a ver la vainas? pues de ahí son las semillas.
El collar adquirió significado en mi mano, y elegí uno de estructura triangular; el único que encontré sobre la manta extendida sin pretenciones sobre la banqueta.
jueves, enero 9
CUANTITATIVO VS. CUALITATIVO
Hace un par de meses, me ví tentada a instalar un contabilizador de visitas en mi blog. No hay duda en que me interesaba tener noticias acerca de los visitantes de este sitio, sin embargo, algo no me gustó de la forma en presentar la información. Y es que me niego a participar en la tendencia actual de convertir al ser humano en número o estadística (ver post anterior), y para mí, el conteo de visitas es una prueba más de ésto. No importa quién visitó, ni que opinión o comentario tuvo al encontrarse con nuestro blog: importa que es un número más que incrementa el conteo. Si escribimos un blog para ser populares y leídos por las masas, vale más que nuestros post se asemejen a los textos de TVyNovelas; de esa manera Servustats nos dará las mejores noticias.
Por mi parte, prefiero los comentarios y críticas personales, escasas, tal vez, pero con un valor por demás superior al de la cuantificación. Con esto en mente instalé, el día de ayer, mi tagboard.
Hace un par de meses, me ví tentada a instalar un contabilizador de visitas en mi blog. No hay duda en que me interesaba tener noticias acerca de los visitantes de este sitio, sin embargo, algo no me gustó de la forma en presentar la información. Y es que me niego a participar en la tendencia actual de convertir al ser humano en número o estadística (ver post anterior), y para mí, el conteo de visitas es una prueba más de ésto. No importa quién visitó, ni que opinión o comentario tuvo al encontrarse con nuestro blog: importa que es un número más que incrementa el conteo. Si escribimos un blog para ser populares y leídos por las masas, vale más que nuestros post se asemejen a los textos de TVyNovelas; de esa manera Servustats nos dará las mejores noticias.
Por mi parte, prefiero los comentarios y críticas personales, escasas, tal vez, pero con un valor por demás superior al de la cuantificación. Con esto en mente instalé, el día de ayer, mi tagboard.
martes, enero 7
2348164
El papel de número es, definitivamente, el menos apropiado para mí. Entré a telnor para contratar una línea telefónica, con un papelito en la mano que contenía mi número de solicitud. Con pasos cortos y asombrada ante la cantidad de personas que es capaz de albergar esa oficina, me acerqué al escritorio a preguntar por el procedimiento.
--Anótese ahí y espere a que la llamen.
Y creo que tomé la instrucción literalmente, ya qué, después de anotarme, me quedé parada junto a la mesita, esperando. Seguramente creí que un número no debe moverse. Probablemente llevaba unos ocho minutos de inmovilidad y absorción total en mis pensamientos, cuando una señora me regresó al mundo humano gritándome:
--Ay! jajajajaja, yo creí que usté era un maniquí de esos que ponen --y se alejó con la mano en en el pecho y una risa nerviosa.
No pensé una mejor idea que la de moverme, y caminé rumbo a una computadora (atracción natural), para conectarme a internet. La sala estaba cada vez más llena y el murmullo de números crecía. Pero esa computadora se me negaba, me pedía claves, números desconocidos.
--Señorita, señorita! esa computadora es para uso interno, si gusta usar el internet puede pasar a la sala del fondo.
De nuevo, la mejor idea fue moverme de ahí. Caminé entre los cuerpos con la mirada fija en las computadoras. Hice mis cálculos. Comprendí que no escucharía el llamado desde allá y, cómo buen número, decidí sentarme. Tan pronto lo hice, una voz me sentenció:
--Oiga, en ese asiento está mi esposo, no tarda.
Observé mis brazos, mis pies. Revisé el piso. Tal vez alguien notó que derramé unas cuantas letras al caminar, entre el mundo de números. Me instalé frente a los escritorios de quienes me llamarían, y observé la barrera "profesional"que establecían con los clientes. Atendían a la solicitud #2376234, la #2465876, la #2298765 interminablemente. Sus ojos se quedaban fijos en las pantallas, fijos en los documentos.
--Mayra Luna!
Y mi buenas tardes fue respondido con:
--Trae su número de solicitud?
--Sí, 2348164.
Quise ensayar de nuevo mi postura. Tal vez me encorvaría un poco cómo el 3. O cruzaría la pierna como el 4. Pero no pude, y busqué los ojos de la mujer que me atendía, alguna pista humana en su trato. Ella continuaba tecleando sin parar, cuando una compañera suya pasó a su lado y le dijo que iniciaría la dieta. La mujer estiró los labios en lo que pareció ser una sonrisa. Aproveché para iniciar una conversación con el tema más trillado del día: la rosca de reyes. Ella permaneció con la boca amplia y me habló de sus posadas, y los kilos de más, mientras apretaba los ojos y soltaba el cuerpo. No hubo nadie que me molestara mientras disfrutaba de escuchar a esa persona intercambiar lo que hubieran sido palabras numéricas, por letras.
El papel de número es, definitivamente, el menos apropiado para mí. Entré a telnor para contratar una línea telefónica, con un papelito en la mano que contenía mi número de solicitud. Con pasos cortos y asombrada ante la cantidad de personas que es capaz de albergar esa oficina, me acerqué al escritorio a preguntar por el procedimiento.
--Anótese ahí y espere a que la llamen.
Y creo que tomé la instrucción literalmente, ya qué, después de anotarme, me quedé parada junto a la mesita, esperando. Seguramente creí que un número no debe moverse. Probablemente llevaba unos ocho minutos de inmovilidad y absorción total en mis pensamientos, cuando una señora me regresó al mundo humano gritándome:
--Ay! jajajajaja, yo creí que usté era un maniquí de esos que ponen --y se alejó con la mano en en el pecho y una risa nerviosa.
No pensé una mejor idea que la de moverme, y caminé rumbo a una computadora (atracción natural), para conectarme a internet. La sala estaba cada vez más llena y el murmullo de números crecía. Pero esa computadora se me negaba, me pedía claves, números desconocidos.
--Señorita, señorita! esa computadora es para uso interno, si gusta usar el internet puede pasar a la sala del fondo.
De nuevo, la mejor idea fue moverme de ahí. Caminé entre los cuerpos con la mirada fija en las computadoras. Hice mis cálculos. Comprendí que no escucharía el llamado desde allá y, cómo buen número, decidí sentarme. Tan pronto lo hice, una voz me sentenció:
--Oiga, en ese asiento está mi esposo, no tarda.
Observé mis brazos, mis pies. Revisé el piso. Tal vez alguien notó que derramé unas cuantas letras al caminar, entre el mundo de números. Me instalé frente a los escritorios de quienes me llamarían, y observé la barrera "profesional"que establecían con los clientes. Atendían a la solicitud #2376234, la #2465876, la #2298765 interminablemente. Sus ojos se quedaban fijos en las pantallas, fijos en los documentos.
--Mayra Luna!
Y mi buenas tardes fue respondido con:
--Trae su número de solicitud?
--Sí, 2348164.
Quise ensayar de nuevo mi postura. Tal vez me encorvaría un poco cómo el 3. O cruzaría la pierna como el 4. Pero no pude, y busqué los ojos de la mujer que me atendía, alguna pista humana en su trato. Ella continuaba tecleando sin parar, cuando una compañera suya pasó a su lado y le dijo que iniciaría la dieta. La mujer estiró los labios en lo que pareció ser una sonrisa. Aproveché para iniciar una conversación con el tema más trillado del día: la rosca de reyes. Ella permaneció con la boca amplia y me habló de sus posadas, y los kilos de más, mientras apretaba los ojos y soltaba el cuerpo. No hubo nadie que me molestara mientras disfrutaba de escuchar a esa persona intercambiar lo que hubieran sido palabras numéricas, por letras.
lunes, enero 6
EL OTRO BLOG
Las palabras no dichas. Los deseos no satisfechos. Los libros no escritos. Las ideas no grabadas en un post.
Existirá un lugar a donde sea posible acudir para conocer lo que pudo haber sido? una especie de limbo de pensamientos?
Hoy, mientras comia, generé mentalmente varios posts de lo que observaba-analizaba. Posts que nunca llegarán hasta aqui; por lo menos no tal y como los estructuré en ese momento.Es casi seguro que esto pasa a todos los que escribimos en un blog; probablemente posteamos durante el dia textos más interesantes que los que terminan siendo publicados aquí. Sin embargo, sé que es iluso creer que esos son 'textos', pues los textos solamente se crean al ser escritos. Son simples ideas esperando desdoblarse, transformándose en escritura. Y se quedan ahí, en lo intangible, en el receptáculo enorme de la decidia que engloba siempre la realidad de lo que deseamos, de lo que hubiéramos sido.
Las palabras no dichas. Los deseos no satisfechos. Los libros no escritos. Las ideas no grabadas en un post.
Existirá un lugar a donde sea posible acudir para conocer lo que pudo haber sido? una especie de limbo de pensamientos?
Hoy, mientras comia, generé mentalmente varios posts de lo que observaba-analizaba. Posts que nunca llegarán hasta aqui; por lo menos no tal y como los estructuré en ese momento.Es casi seguro que esto pasa a todos los que escribimos en un blog; probablemente posteamos durante el dia textos más interesantes que los que terminan siendo publicados aquí. Sin embargo, sé que es iluso creer que esos son 'textos', pues los textos solamente se crean al ser escritos. Son simples ideas esperando desdoblarse, transformándose en escritura. Y se quedan ahí, en lo intangible, en el receptáculo enorme de la decidia que engloba siempre la realidad de lo que deseamos, de lo que hubiéramos sido.
viernes, enero 3
VIDA DE INICIOS
El aterrizaje me puso eufórica. Y no por temor a un accidente, si no por la sensación adictiva de un inicio. Bajé del avión a toda prisa; el viento tibio marcó la primera diferencia con mi ciudad de origen: Tijuana. Estaba en el aeropuerto de Morelia, por primera vez. Y es que por encima de lo bello que, según me anunciaron, es la ciudad; por encima del hecho de que llegaba a vacacionar, por encima de todo, algo iniciaba. Observé detenidamente la sala en la que recogería mi equipaje; y el no haberla visto nunca fue lo que más me agradó; salir del lugar y observar ese paisaje, que si bien no tenía nada espectacular, se mostraba ante mí por por primera vez. El recorrido en el auto por entre las rancherías para llegar a la ciudad; el sol que apenas iba despertando sobre los sembradíos.
Y los días se sucedieron en inicios de paisajes y personas; hasta que el veneno de la memoria hizo su efecto. Ahora, ya recordaba los caminos y los lugares clave para orientarme. El viento en mi rostro se fue haciendo familiar, pues era semejante al que recordaba haber sentido el día anterior. Las personas usaban el tono de voz que esperaba de ellas, sus gestos y ademanes; y pronto todo careció de inicios. La memoria encontró la manera de instalar rutinas, familiaridad. Necesitaba huir, lanzarme en busca de otra ciudad, de un camino no recorrido antes por la memoria. Crucé incontables pueblos para llegar a otras ciudades, y cada uno significaba un inicio que pronto, se me fue de las manos: encontré un patrón. Noté ciertas características comunes entre ellos: la calle principal, el centro de la ciudad, la colocación y estructura de sus construcciones, la actitud en los rostros de sus habitantes; ahora cada pueblo me recordaba otro, y visitarlos se convirtió en repetición constante, en una nueva rutina con mínimas diferencias.
Soy adicta a los inicios. Podría viajar indefinidamente, desarrollar una manera de ver el mundo desde todas las perspectivas, lo que fuera con tal de alimentarme glotonamente de inicios. Soy producto de una programación, lo sé. Desde pequeña aprendí que los incios son grandes ocasiones: los primeros pasos, el primer día en la escuela, el primer beso, el primer... todo. Pareciera que el segundo y el tercero y el cuarto no contaran. Y no cuentan, precisamente, porque el recuerdo anterior hace comparaciones y juicios. La tecnología moderna debería --en vez de repetir seres humanos rutinarios (clonación)-- desarrollar un método para extirpar la memoria de los existentes (dejarla únicamente como atributo deseable en las computadoras). Así podríamos disfrutar de una vida conformada, exclusivamente, de inicios.
El aterrizaje me puso eufórica. Y no por temor a un accidente, si no por la sensación adictiva de un inicio. Bajé del avión a toda prisa; el viento tibio marcó la primera diferencia con mi ciudad de origen: Tijuana. Estaba en el aeropuerto de Morelia, por primera vez. Y es que por encima de lo bello que, según me anunciaron, es la ciudad; por encima del hecho de que llegaba a vacacionar, por encima de todo, algo iniciaba. Observé detenidamente la sala en la que recogería mi equipaje; y el no haberla visto nunca fue lo que más me agradó; salir del lugar y observar ese paisaje, que si bien no tenía nada espectacular, se mostraba ante mí por por primera vez. El recorrido en el auto por entre las rancherías para llegar a la ciudad; el sol que apenas iba despertando sobre los sembradíos.
Y los días se sucedieron en inicios de paisajes y personas; hasta que el veneno de la memoria hizo su efecto. Ahora, ya recordaba los caminos y los lugares clave para orientarme. El viento en mi rostro se fue haciendo familiar, pues era semejante al que recordaba haber sentido el día anterior. Las personas usaban el tono de voz que esperaba de ellas, sus gestos y ademanes; y pronto todo careció de inicios. La memoria encontró la manera de instalar rutinas, familiaridad. Necesitaba huir, lanzarme en busca de otra ciudad, de un camino no recorrido antes por la memoria. Crucé incontables pueblos para llegar a otras ciudades, y cada uno significaba un inicio que pronto, se me fue de las manos: encontré un patrón. Noté ciertas características comunes entre ellos: la calle principal, el centro de la ciudad, la colocación y estructura de sus construcciones, la actitud en los rostros de sus habitantes; ahora cada pueblo me recordaba otro, y visitarlos se convirtió en repetición constante, en una nueva rutina con mínimas diferencias.
Soy adicta a los inicios. Podría viajar indefinidamente, desarrollar una manera de ver el mundo desde todas las perspectivas, lo que fuera con tal de alimentarme glotonamente de inicios. Soy producto de una programación, lo sé. Desde pequeña aprendí que los incios son grandes ocasiones: los primeros pasos, el primer día en la escuela, el primer beso, el primer... todo. Pareciera que el segundo y el tercero y el cuarto no contaran. Y no cuentan, precisamente, porque el recuerdo anterior hace comparaciones y juicios. La tecnología moderna debería --en vez de repetir seres humanos rutinarios (clonación)-- desarrollar un método para extirpar la memoria de los existentes (dejarla únicamente como atributo deseable en las computadoras). Así podríamos disfrutar de una vida conformada, exclusivamente, de inicios.
CIERTO MOMENTO
Sintió que reventaba. Llevaba casi cuatro meses queriéndolo decir, pero la temperatura era siempre inadecuada, los colores de la casa muy pálidos, o su voz demasiado ronca. Caminó veintisiete pasos desde la recámara hasta el comedor, y lo encontró de nuevo muy frío.
Ella armaba una maqueta para la presentación de su proyecto y, con su esmero en el acto, repelía toda acusación o reclamo. Este no era el momento. Caminó doce pasos hacia ella, y observó la luz de la lámpara batirse a muerte con la luz solar, sin lograr el triunfo . Y se sintió esa luz pusilánime y anacrónica, que quiere mostrar el poder que sólo de noche se le otorga.
Por eso tomó las llaves del auto y salió a las tres de la tarde, justo antes de comer. Sintió como sus pulmones se expandían ante la incapacidad de hablar, ante los labios inservibles de siempre. Y, sin rumbo alguno, estacionó el auto frente a una mueblería y tomó un camino cualquiera.
Observó sus pasos, uno a uno. Marcaban huellas absurdas en el polvo adusto. Alguna vez escuchó que esas huellas formaban el mapa de su vida; no lo creía así. Para él, los mapas son elaborados para encontrar algo, y su vida era un constante no encontrar, una búsqueda de nada. Decenas de personas cruzaban su camino, le seguían, le esquivaban. Pensó que seguramente ellas habían encontrado el momento, el sabor en la boca, la textura adecuada del aire entre los dedos; y ahora se dirigían sin remordimientos hacia ese lugar, hacia cierto destino.
Entró a la tienda sin conocer la razón, y observó con detenimiento una cama individual, con cabecera de herraje y colchón multicolor. Llamó su atención de forma inusitada. Se quedó mirándola sin pensar en el tiempo, ni en la razón. Probó el aire entre sus dedos: estaba casi listo. El vendedor lo ayudó a subirla al techo de su auto y, con una sonrisa lenta, casi desesperante, murmuró cuatro palabras desarticuladas. El asintió, pero no por cortesía, si no porque esas palabras habían sido dichas en la hora correcta. Paseó un buen rato su colchón. Deseaba que conociera la ciudad, que se sintiera parte del todo. Y comenzó a alejarse entre más cerca estaba de su casa. Se alejó tanto que se preguntó por la causa del sufrimiento cuando se logra una lejanía semejante.
Tocó el timbre.
Ella abrió sin mirarle a los ojos, y se retiró con rapidez.
Entró.Repentinamente el color de las paredes se acopló a sus palabras, el aire adquirió la consistencia perfecta y el respaldo del sillón, siempre áspero, se mostró condescendiente a la palma de su mano. La invitó a salir a la cochera, a mirar su auto. Ella lo observó sin asombro. Le dijo:
–Me da gusto. Estudié tu mapa, Joaquín, y no lleva a ningún lado. Pero los pasos que diste este día, no aparecen ahí.
Y un gracias resbaló a perfecta velocidad de su garganta a su boca, con cadencia, tocando el viento fuera de su cuerpo con un sonido suave y resuelto. Con el exacto timbre de su voz.
Sintió que reventaba. Llevaba casi cuatro meses queriéndolo decir, pero la temperatura era siempre inadecuada, los colores de la casa muy pálidos, o su voz demasiado ronca. Caminó veintisiete pasos desde la recámara hasta el comedor, y lo encontró de nuevo muy frío.
Ella armaba una maqueta para la presentación de su proyecto y, con su esmero en el acto, repelía toda acusación o reclamo. Este no era el momento. Caminó doce pasos hacia ella, y observó la luz de la lámpara batirse a muerte con la luz solar, sin lograr el triunfo . Y se sintió esa luz pusilánime y anacrónica, que quiere mostrar el poder que sólo de noche se le otorga.
Por eso tomó las llaves del auto y salió a las tres de la tarde, justo antes de comer. Sintió como sus pulmones se expandían ante la incapacidad de hablar, ante los labios inservibles de siempre. Y, sin rumbo alguno, estacionó el auto frente a una mueblería y tomó un camino cualquiera.
Observó sus pasos, uno a uno. Marcaban huellas absurdas en el polvo adusto. Alguna vez escuchó que esas huellas formaban el mapa de su vida; no lo creía así. Para él, los mapas son elaborados para encontrar algo, y su vida era un constante no encontrar, una búsqueda de nada. Decenas de personas cruzaban su camino, le seguían, le esquivaban. Pensó que seguramente ellas habían encontrado el momento, el sabor en la boca, la textura adecuada del aire entre los dedos; y ahora se dirigían sin remordimientos hacia ese lugar, hacia cierto destino.
Entró a la tienda sin conocer la razón, y observó con detenimiento una cama individual, con cabecera de herraje y colchón multicolor. Llamó su atención de forma inusitada. Se quedó mirándola sin pensar en el tiempo, ni en la razón. Probó el aire entre sus dedos: estaba casi listo. El vendedor lo ayudó a subirla al techo de su auto y, con una sonrisa lenta, casi desesperante, murmuró cuatro palabras desarticuladas. El asintió, pero no por cortesía, si no porque esas palabras habían sido dichas en la hora correcta. Paseó un buen rato su colchón. Deseaba que conociera la ciudad, que se sintiera parte del todo. Y comenzó a alejarse entre más cerca estaba de su casa. Se alejó tanto que se preguntó por la causa del sufrimiento cuando se logra una lejanía semejante.
Tocó el timbre.
Ella abrió sin mirarle a los ojos, y se retiró con rapidez.
Entró.Repentinamente el color de las paredes se acopló a sus palabras, el aire adquirió la consistencia perfecta y el respaldo del sillón, siempre áspero, se mostró condescendiente a la palma de su mano. La invitó a salir a la cochera, a mirar su auto. Ella lo observó sin asombro. Le dijo:
–Me da gusto. Estudié tu mapa, Joaquín, y no lleva a ningún lado. Pero los pasos que diste este día, no aparecen ahí.
Y un gracias resbaló a perfecta velocidad de su garganta a su boca, con cadencia, tocando el viento fuera de su cuerpo con un sonido suave y resuelto. Con el exacto timbre de su voz.
miércoles, enero 1
NEW YEAR''S EVE
Pero que patético y antiglamoroso resultará que escribas en tu blog el 31 de diciembre en la noche, me dije; mejor sigue escribiendo en word y nadie lo notará. Perdí. Así que inicio el año con ésta actividad que, desde que me la tomé algo en serio, ha sacudido y reacomodado mi vida sin pedirme ninguna autorización. Y creo que no es ninguna casualidad el iniciar el año de esta manera; algo hay en esta actividad solitaria que me llama irracionalmente. He escuchado todo tipo de advertencias ante los peligros de la escritura, pero ¿que hacer cuando no se puede hacer nada? Sucumbir. Sucumbir irremediablemente.
Pero que patético y antiglamoroso resultará que escribas en tu blog el 31 de diciembre en la noche, me dije; mejor sigue escribiendo en word y nadie lo notará. Perdí. Así que inicio el año con ésta actividad que, desde que me la tomé algo en serio, ha sacudido y reacomodado mi vida sin pedirme ninguna autorización. Y creo que no es ninguna casualidad el iniciar el año de esta manera; algo hay en esta actividad solitaria que me llama irracionalmente. He escuchado todo tipo de advertencias ante los peligros de la escritura, pero ¿que hacer cuando no se puede hacer nada? Sucumbir. Sucumbir irremediablemente.
martes, diciembre 31
FELIZ AÑO
Un artículo de la revista Time nombra al 2003 como el año de la evasión. Sin duda, en ese año, la industria del entretenimiento continuará en auge debido a la distracción que ofrece de un mundo que se agita cada vez con mayor violencia. Ante los bombardeos amarillistas de la prensa y una sociedad que se muestra a la defensiva, las personas buscan un sitio en el que todo se vuelva seguro; y lo encuentran en la diversión. Sin embargo, los sucesos que se avecinan influirán en nuestras vidas aunque escondamos nuestras cabezas cual avestruces.
Un artículo de la revista Time nombra al 2003 como el año de la evasión. Sin duda, en ese año, la industria del entretenimiento continuará en auge debido a la distracción que ofrece de un mundo que se agita cada vez con mayor violencia. Ante los bombardeos amarillistas de la prensa y una sociedad que se muestra a la defensiva, las personas buscan un sitio en el que todo se vuelva seguro; y lo encuentran en la diversión. Sin embargo, los sucesos que se avecinan influirán en nuestras vidas aunque escondamos nuestras cabezas cual avestruces.
En el artículo se comenta que “Incluso después del 11 de septiembre, las amenazas terroristas parecían distantes; Nueva York estaba por lo menos a un océano de distancia. Pero el suceso en Bali y las advertencias de otros ataques en Europa y Asia reinstalaron el miedo en los Estados Unidos. En cuanto a la economía, tampoco se tienen buenos augurios: una encuesta dio a conocer que casi la mitad de los ejecutivos de Japón y China opinan que la economía mundial empeorará en el 2003; mientras que otra encuesta realizada por el Daily Telegraph, muestra que los ingleses ven el futuro próximo de su país con pesimismo y están considerando emigrar.
No es fácil escapar, pero se intentará. Esperen ver en los próximos doce meses la creación de las propias “Tierras de nunca jamás”en las que escaparemos de todo, sin importar lo malo que las noticias puedan llegar a ser. 2003 será el año de la evasión; hedonismo para algunos, fantasía para otros, nostalgia para algunos más.
Las señales del nuevo hedonismo están en todas partes. Estamos fumando más y tomando más alcohol. Un polvo blanco llamado Charlie es más que nunca un accesorio indispensable en la escena social, y una droga a la que se debe prestar atención es la copia de Charlie: foke (abreviación en inglés de cocaína falsa: “fake coke”); una opción no tóxica para los que desean una imagen excéntrica y una nariz que funcione. Cansados de los clubs de swingers, algunos parisinos están paseando en el orgimóvil; un camión que circula por la ciudad mientras sus pasajeros tienen sexo. ”
En el cine se menciona la llegada de una película más de Harry Potter y la tercera parte del Señor de los Anillos. (Todas ellas películas fantásticas ubicadas en tiempo pasado, denotando con ello la nostalgia que se vende a un público hastiado de la ciencia ficción que se ha convertido en parte de la vida cotidiana). Incluso se pronostica un auge en la comida tradicional que brinda un sentimiento de familiaridad, y hasta el regreso en la moda al uso de las marcas conocidas. “Todo se debe a un sentido de control” explica en el artículo el psicólogo Adam Ferrier.
“Escapamos porque deseamos crear una semejanza de seguridad en un mundo en el que la seguridad es escasa. Pero sabemos que no podemos ser artistas del escape para siempre, y que una droga, una película o una blusa nueva no durarán. Sin embargo en el 2003 pretenderemos que es posible. Nos diremos que el malo Osama no explotará nuestra casa tan bien decorada, que otro plato de sopa de pollo será bueno para el alma, y que el “vivieron felices para siempre”existe”.
Este artículo se refiere a la postura que adoptará el norteamericano promedio ante las vicisitudes pronosticadas; sin embargo, estas actitudes son adoptadas erróneamente por los habitantes de nuestro país, quienes importan las modas norteamericanas sin cuestionar sus razones. La realidad es que todos éstos hechos que se darán con el reacomodo violento del orden mundial, afectarán a nuestro país de la manera que siempre sucede: reduciendo las oportunidades de crecimiento y desarrollo para los más necesitados, distanciándolos cada vez más de ese mundo “seguro” al que sólo tendrán acceso cuando se encuentren en posibilidades de ser verdaderos enemigos (y no vecinos pasivos consumidores de desperdicios) y aliarse a este intento de cambio que se llevará a cabo por los países oprimidos durante los próximos años. Evitemos a toda costa el virus de la evasión en el próximo año, de manera que podamos trabajar responsablemente como agentes propiciadores de cambio.
ANTICONCEPTIVO NATURAL
Escuchando el dejo de tristeza e insatisfacción en un gran número de madres de familia jóvenes, que cuentan con una licenciatura, cuestiono severamente la educación que se inculca en la mujer para que únicamente se sienta realizada ante el hecho de la maternidad. Ellas miran con envidia y resignación forzada a quienes tienen la "oportunidad" de dedicarse a hacer lo que les gusta, que sin duda, es dedicarse a realizar esa actividad para la cual poseen todas las características necesarias. Sin embargo, en una sociedad que ha preparado a cada mujer desde pequeña para que aguarde sin custionamientos la llegada de sus hijos, es difícil que alguna tome la decisión contraria.
Y no me refiero a la madre que trabaja, quien sin duda es de admirarse, pero también de compadecerse, pues no ha sido capaz de negarse ante ninguna de las dos opciones, dividiéndose interminablemente, acumulando rencor hacia alguna de las dos partes: su trabajo o su hogar.
La mujer de la sociedad ideal se encuentra libre de elegir su vocación y la manera de llevarla, ya sea con o sin pareja, con o sin hijos. Porque de igual manera conozco mujeres cuya vocación es la maternidad, mujeres satisfechas de su papel de madre y ama de casa. A ellas tampoco debería de exigírseles un trabajo adicional.
En una sociedad así, el control de la natalidad no sería artificial, si no dado por la vocación real de cada mujer, quien con la libertad que posee, elegiría lo que hasta hoy se considera antinatural. Es casi seguro que más del cincuenta porciento, al no ver repercusiones en su decisión, optaría por desarrollarse en lugar de parir. El porcentaje restante proveería al mundo de seres humanos excelentes contra quienes su madre nunca tuvo resentimiento alguno.
Escuchando el dejo de tristeza e insatisfacción en un gran número de madres de familia jóvenes, que cuentan con una licenciatura, cuestiono severamente la educación que se inculca en la mujer para que únicamente se sienta realizada ante el hecho de la maternidad. Ellas miran con envidia y resignación forzada a quienes tienen la "oportunidad" de dedicarse a hacer lo que les gusta, que sin duda, es dedicarse a realizar esa actividad para la cual poseen todas las características necesarias. Sin embargo, en una sociedad que ha preparado a cada mujer desde pequeña para que aguarde sin custionamientos la llegada de sus hijos, es difícil que alguna tome la decisión contraria.
Y no me refiero a la madre que trabaja, quien sin duda es de admirarse, pero también de compadecerse, pues no ha sido capaz de negarse ante ninguna de las dos opciones, dividiéndose interminablemente, acumulando rencor hacia alguna de las dos partes: su trabajo o su hogar.
La mujer de la sociedad ideal se encuentra libre de elegir su vocación y la manera de llevarla, ya sea con o sin pareja, con o sin hijos. Porque de igual manera conozco mujeres cuya vocación es la maternidad, mujeres satisfechas de su papel de madre y ama de casa. A ellas tampoco debería de exigírseles un trabajo adicional.
En una sociedad así, el control de la natalidad no sería artificial, si no dado por la vocación real de cada mujer, quien con la libertad que posee, elegiría lo que hasta hoy se considera antinatural. Es casi seguro que más del cincuenta porciento, al no ver repercusiones en su decisión, optaría por desarrollarse en lugar de parir. El porcentaje restante proveería al mundo de seres humanos excelentes contra quienes su madre nunca tuvo resentimiento alguno.
RESPUESTA
Leyendo mi post titulado "Morelia", y ya instalada de nuevo en Tijuana, he caído en cuenta de que el "no estar" que producen las ciudades desconocidas se debe al trato patético que les damos cuando ingresamos a ellas en calidad de turistas. Visitar únicamente los lugares históricos, los sitios destinados a los visitantes, provocan el distanciamiento al que me refería en mi post.
En la mayoría de los casos los lugares que se visitan no son frecuentados por los habitantes del lugar. Se nos muestra una imagen distinta a la que han construído quienes han hecho de ese sitio su hogar.
Sin duda, la mejor manera de aproximarse a una ciudad desconcida es a través de sus habitantes. Tomar prestada la visión de quienes a diario se enfrentan a la vida en ese lugar.
La ciudad de Puerto Vallarta es una de las pocas ciudades en las que he "estado" verdaderamente. Y esto ha sucedido por el contcto que establecí con algunos de sus habitantes; el conocer su vida, sus actividades, su filosofía de la vida, los lugares que frecuentan y que evitan. Desviarse del camino turístico hacia su casa. Esas situaciones rompen el mito transformando el lugar en una ciudad real, habitable, que invita a regresar por lo más valioso que existe por conocer en cualquier lugar: las personas.
Leyendo mi post titulado "Morelia", y ya instalada de nuevo en Tijuana, he caído en cuenta de que el "no estar" que producen las ciudades desconocidas se debe al trato patético que les damos cuando ingresamos a ellas en calidad de turistas. Visitar únicamente los lugares históricos, los sitios destinados a los visitantes, provocan el distanciamiento al que me refería en mi post.
En la mayoría de los casos los lugares que se visitan no son frecuentados por los habitantes del lugar. Se nos muestra una imagen distinta a la que han construído quienes han hecho de ese sitio su hogar.
Sin duda, la mejor manera de aproximarse a una ciudad desconcida es a través de sus habitantes. Tomar prestada la visión de quienes a diario se enfrentan a la vida en ese lugar.
La ciudad de Puerto Vallarta es una de las pocas ciudades en las que he "estado" verdaderamente. Y esto ha sucedido por el contcto que establecí con algunos de sus habitantes; el conocer su vida, sus actividades, su filosofía de la vida, los lugares que frecuentan y que evitan. Desviarse del camino turístico hacia su casa. Esas situaciones rompen el mito transformando el lugar en una ciudad real, habitable, que invita a regresar por lo más valioso que existe por conocer en cualquier lugar: las personas.
OSCURIDAD DELATORA
Generalmente, las actividades que se realizan de noche poseen un aura de misterio, de clandestinidad. La luz del día revela los movimientos, delínea cada uno de nuestros pasos y los muestra a la mirada pública. Sin embargo, cuando nos conducimos protegidos por la oscuridad, olvidamos los miles de ojos que sobrevuelan cada noche las ciudades.
Los pasajeros dormían plácidamente, y mi curiosidad, como una niña inquieta, me invitaba a permanecer con la frente adherida a la ventanilla del avión. El Mar de Cortés cedió ante la tierra firme, y pronto aparecieron manchas luminosas de formas cambiantes sobre el lomo negro del planeta. Las ciudades nocturnas se mostraban como unidades compactas e iluminadas que compartían un flujo constante de electricidad. Presencié la inevitable conectividad entre los elementos que componen las urbes, que si bien, son un todo distinto a la suma de sus partes, son esas partes singulares las que forman la unidad funcional (o disfuncional) que las caracteriza. Y los habitantes de estas ciudades estaban ahí, sin darse cuenta de que sus acciones aparentemente privadas, se transformaban en señales eléctricas captadas por miles de pasajeros aéreos. Ciudades enteras expuestas por la noche. El avión viajaba literalmente hacia el amanecer, por lo que, en un par de horas, la luz matinal regresó la privacidad y, paradójicamente, las ciudades que iniciaban sus actividades cotidianas aparentaron inmovilidad. La iluminación que otorga vida se convirtió en monotonía, en muerte. Ahora sólo se apreciaban aglomeraciones de estructuras, calles, viviendas, edificios que, cubiertos por la capa luminosa, formaban una masa inmóvil a la espera de la exhibición de la noche.
Generalmente, las actividades que se realizan de noche poseen un aura de misterio, de clandestinidad. La luz del día revela los movimientos, delínea cada uno de nuestros pasos y los muestra a la mirada pública. Sin embargo, cuando nos conducimos protegidos por la oscuridad, olvidamos los miles de ojos que sobrevuelan cada noche las ciudades.
Los pasajeros dormían plácidamente, y mi curiosidad, como una niña inquieta, me invitaba a permanecer con la frente adherida a la ventanilla del avión. El Mar de Cortés cedió ante la tierra firme, y pronto aparecieron manchas luminosas de formas cambiantes sobre el lomo negro del planeta. Las ciudades nocturnas se mostraban como unidades compactas e iluminadas que compartían un flujo constante de electricidad. Presencié la inevitable conectividad entre los elementos que componen las urbes, que si bien, son un todo distinto a la suma de sus partes, son esas partes singulares las que forman la unidad funcional (o disfuncional) que las caracteriza. Y los habitantes de estas ciudades estaban ahí, sin darse cuenta de que sus acciones aparentemente privadas, se transformaban en señales eléctricas captadas por miles de pasajeros aéreos. Ciudades enteras expuestas por la noche. El avión viajaba literalmente hacia el amanecer, por lo que, en un par de horas, la luz matinal regresó la privacidad y, paradójicamente, las ciudades que iniciaban sus actividades cotidianas aparentaron inmovilidad. La iluminación que otorga vida se convirtió en monotonía, en muerte. Ahora sólo se apreciaban aglomeraciones de estructuras, calles, viviendas, edificios que, cubiertos por la capa luminosa, formaban una masa inmóvil a la espera de la exhibición de la noche.
lunes, diciembre 30
ESPERAR ESPERANDO
El aeropuerto conjuntaba un despliegue de rostros disímiles reunidos abruptamente en el mismo espacio. Un no estar se adivinaba en cada una de las miradas; presencia de quien se encuentra lejos de su cuerpo.
El vuelo se retrasó más de dos horas; tiempo exquisito para la observación de esa mezcla heterogénea de personas que no encontraban una actividad interesante a realizar en ese "por mientras" de su vida. Ese cuadro cómico en la sala de espera carecía de presente: buscaban entretenimientos para evitar a toda costa la consciencia de la espera, para "matar el tiempo"; su vida era ese momento y no lo comprendían.
Es indudable que la espera existe, sin embargo, puede llegar a ser una actividad placentera por sí misma cuando no se le busca una acción sustituta. Es posible esperar leyendo, esperar platicando, esperar maldiciendo o esperar esperando: aceptar la espera como una situación gratificante, una actividad de singular valor.
Se rieron de mí cuando dije que la estaba pasando muy bien, que fue divertido hacer fila durante una hora para documentar y, después, tener el privilegio de esperar dos horas el avión en ese lugar repleto de vida, murmullos, movimiento. Observar boquiabierta el espectáculo de seres humanos despojados de actividades ''productivas'' o "importantes", alineados en el mismo plano de la espera. Un rato más y, ante la sorpresa de los incrédulos, sucedió lo obvio: el avión llegó e inició el abordaje. Iniciaba otra espera; ésta, tambien, maravillosa.
El aeropuerto conjuntaba un despliegue de rostros disímiles reunidos abruptamente en el mismo espacio. Un no estar se adivinaba en cada una de las miradas; presencia de quien se encuentra lejos de su cuerpo.
El vuelo se retrasó más de dos horas; tiempo exquisito para la observación de esa mezcla heterogénea de personas que no encontraban una actividad interesante a realizar en ese "por mientras" de su vida. Ese cuadro cómico en la sala de espera carecía de presente: buscaban entretenimientos para evitar a toda costa la consciencia de la espera, para "matar el tiempo"; su vida era ese momento y no lo comprendían.
Es indudable que la espera existe, sin embargo, puede llegar a ser una actividad placentera por sí misma cuando no se le busca una acción sustituta. Es posible esperar leyendo, esperar platicando, esperar maldiciendo o esperar esperando: aceptar la espera como una situación gratificante, una actividad de singular valor.
Se rieron de mí cuando dije que la estaba pasando muy bien, que fue divertido hacer fila durante una hora para documentar y, después, tener el privilegio de esperar dos horas el avión en ese lugar repleto de vida, murmullos, movimiento. Observar boquiabierta el espectáculo de seres humanos despojados de actividades ''productivas'' o "importantes", alineados en el mismo plano de la espera. Un rato más y, ante la sorpresa de los incrédulos, sucedió lo obvio: el avión llegó e inició el abordaje. Iniciaba otra espera; ésta, tambien, maravillosa.
miércoles, diciembre 25
MORELIA
Llevo cinco dias en esta ciudad y aun estaré aquí otros cinco, sin embargo, no he podido establecer ningun tipo de contacto cercano con ella, tal vez se deba a la contagiosa actitud de "no estar" que he observado en todas las personas desde que estuve en el aeropuerto de Tijuana. Y es que todos intentan a toda costa evitar la situación presente mediante planes futuros. "A ver cuando nos vamos de vacaciones a Europa" ," A ver cuando vamos para Tijuana y paseamos por ahi". Todo es un presente que se vive en pos del futuro, un no presente. Y en ese no presente me muevo y paseo por la ciudad muda. Arquitectura barroca que data de hace casi cuatrocientos cincuenta años, calles de trazos planeados, un centro de la ciudad con la perfección e higiene que nunca observaré en mi ciudad. Sin embargo, nada trasciende la mera observación, hay una barrera fina que me impide sentir la ciudad. Y es ese "no estar".
Mañana huiré a Guadalajara y regresaré por la noche. El viernes a Uruapan. Sábado y Domingo a Guanajuato y San Miguel de Allende respectivamente. Huyendo siempre del punto de origen. Evasión pura. Estando en todos y en ningun lado a la vez.
Llevo cinco dias en esta ciudad y aun estaré aquí otros cinco, sin embargo, no he podido establecer ningun tipo de contacto cercano con ella, tal vez se deba a la contagiosa actitud de "no estar" que he observado en todas las personas desde que estuve en el aeropuerto de Tijuana. Y es que todos intentan a toda costa evitar la situación presente mediante planes futuros. "A ver cuando nos vamos de vacaciones a Europa" ," A ver cuando vamos para Tijuana y paseamos por ahi". Todo es un presente que se vive en pos del futuro, un no presente. Y en ese no presente me muevo y paseo por la ciudad muda. Arquitectura barroca que data de hace casi cuatrocientos cincuenta años, calles de trazos planeados, un centro de la ciudad con la perfección e higiene que nunca observaré en mi ciudad. Sin embargo, nada trasciende la mera observación, hay una barrera fina que me impide sentir la ciudad. Y es ese "no estar".
Mañana huiré a Guadalajara y regresaré por la noche. El viernes a Uruapan. Sábado y Domingo a Guanajuato y San Miguel de Allende respectivamente. Huyendo siempre del punto de origen. Evasión pura. Estando en todos y en ningun lado a la vez.
miércoles, diciembre 18
De la inevitable necesidad de estar informados.(Disculpen los acentos por esta vez, pero la maquinita que estoy usando carece de ellos)
Mi post anterior llevaba un titulo muy similar al utilizado por otra persona en su blog. Tuve que modificarlo. Errores como este suceden por la falta de interes en conocer por cuenta propia lo que se esta generando en el mundo: nos limitamos a recibir lo que nos ofrecen. Si yo hubiera leido ese blog con anterioridad, no hubiese incurrido en la repeticion. Y es esta repeticion constante y enfermiza la que encontramos en quienes reciben como unica "formacion" posterior a la obligatoria (escuela) la proveniente de los medios masivos de comunicacion y entretenimientos basura.
Actualmente estos medios utilizan las estrategias mas ruines con la finalidad de mantener la atencion del publico; y es que es de amplio conocimiento que un pueblo que no se mantiene entretenido, olvida la repeticion de lugares comunes y comienza a cuestionar su situacion actual; genera ideas propias que casi siempre resultan amenazantes para quienes pretenden controlar. Una prueba evidente de esto fue lo que sucedio tan pronto entro EU a Afganistan: se encendieron los radios y las televisiones; ahora la "nueva mujer afgana" puede dedicar sus tardes a ver novelas oh liberacion! (por supuesto que las condiciones anteriores en que vivian eran deplorables, pero tambien lo son las actuales, y por lo menos antes pudieron tomar consciencia de su situacion y rebelarse de algun modo).
La repeticion de los lugares comunes que se nos han impuesto nos adormece y nos transforma en terreno fertil para la manipulacion. La informacion que nos procuremos por cuenta propia genera cierta inmunidad ante los bombardeos de control, inmunidad que lejos de ser atesorada, debe ser compartida tanto como sea posible.
Mi post anterior llevaba un titulo muy similar al utilizado por otra persona en su blog. Tuve que modificarlo. Errores como este suceden por la falta de interes en conocer por cuenta propia lo que se esta generando en el mundo: nos limitamos a recibir lo que nos ofrecen. Si yo hubiera leido ese blog con anterioridad, no hubiese incurrido en la repeticion. Y es esta repeticion constante y enfermiza la que encontramos en quienes reciben como unica "formacion" posterior a la obligatoria (escuela) la proveniente de los medios masivos de comunicacion y entretenimientos basura.
Actualmente estos medios utilizan las estrategias mas ruines con la finalidad de mantener la atencion del publico; y es que es de amplio conocimiento que un pueblo que no se mantiene entretenido, olvida la repeticion de lugares comunes y comienza a cuestionar su situacion actual; genera ideas propias que casi siempre resultan amenazantes para quienes pretenden controlar. Una prueba evidente de esto fue lo que sucedio tan pronto entro EU a Afganistan: se encendieron los radios y las televisiones; ahora la "nueva mujer afgana" puede dedicar sus tardes a ver novelas oh liberacion! (por supuesto que las condiciones anteriores en que vivian eran deplorables, pero tambien lo son las actuales, y por lo menos antes pudieron tomar consciencia de su situacion y rebelarse de algun modo).
La repeticion de los lugares comunes que se nos han impuesto nos adormece y nos transforma en terreno fertil para la manipulacion. La informacion que nos procuremos por cuenta propia genera cierta inmunidad ante los bombardeos de control, inmunidad que lejos de ser atesorada, debe ser compartida tanto como sea posible.
martes, diciembre 17
EL MUNDO ALLA ADENTRO(Cambio de título por ya haber sido utilizado en el medio bloguístico. Mayor información en el siguiente post)
Hace exactamente trece años, siete meses y diez días, me encontraba sentada en un salón de belleza, observando con asombro la transformación que un hombre de modales delicados hacía en mi rostro y en mi cabello; sin embargo, desde ese entonces ya ejercitaba mi habilidad de poner atención a varias cosas al mismo tiempo. El lugar estaba lleno, por ser sábado, y un tumulto de mujeres se movían de silla en silla con artefactos extraños en sus cabezas, caminando lentas, con las manos al aire. Y entre ruido de pláticas, música de Alejandra Guzmán y secadoras de cabello, entró una mujer alta, de rostro silente y ojos de espera. Fue recibida con sonrisas por todo el personal del salón, y conducida a una silla situada a tres lugares del mío. Debí delatarme con la mirada (como siempre me pasa), porque el estilista, mientras retorcía mi cabello con firmeza y esmero, me dijo:
--Es la señora Medrano, viene tres veces por semana,desde hace cinco años. Le lavan el cabello y se lo peinan, a la perfección. Y sabes qué? --me dijo en tono de complicidad culpable, como si yo lo hubiera obligado a confesarlo --los días que no viene, duerme con un protector para el pelo y almohadas altas, para no despeinarse.
Yo la miré con disimulo, y me di cuenta de que todo ese ritual tenía como objetivo estar lista, indefinidamente.
Diez minutos después, yo también estuve lista, y me alejé mirando de reojo cómo ella permanecía inmóvil, sin expresión facial, ante los violentos jaloneos del estilista.
Hoy transitaba por el boulevard Agua Caliente, a eso de las seis de la tarde. Desde aquel día, tengo la costumbre de ver con curiosidad esa estética cada vez que paso por ahi, tratando de adivinar el motivo por el que decenas de mujeres pierden gran parte de sus vidas alistándose para algo, para ese algo que esperan y que evidentemente debe llegar. Sin embargo hoy, sin esperarlo, obtuve la respuesta, cuando miré, sentada en la misma silla, a la mujer que conocí en 1989. La pude ver desde mi carro, mientras esperaba la luz verde. No dudé que fuese ella: poseía el mismo aplomo, el mismo cuello largo y, el mismo color y corte de cabello. En ese instante comprendí la espera, la espera cíclica que las sigue de cerca cuando abandonan el salón; compañera insufrible que no cruza la puerta cuando ellas, impacientes, regresan a alistarse para regresar.
Hace exactamente trece años, siete meses y diez días, me encontraba sentada en un salón de belleza, observando con asombro la transformación que un hombre de modales delicados hacía en mi rostro y en mi cabello; sin embargo, desde ese entonces ya ejercitaba mi habilidad de poner atención a varias cosas al mismo tiempo. El lugar estaba lleno, por ser sábado, y un tumulto de mujeres se movían de silla en silla con artefactos extraños en sus cabezas, caminando lentas, con las manos al aire. Y entre ruido de pláticas, música de Alejandra Guzmán y secadoras de cabello, entró una mujer alta, de rostro silente y ojos de espera. Fue recibida con sonrisas por todo el personal del salón, y conducida a una silla situada a tres lugares del mío. Debí delatarme con la mirada (como siempre me pasa), porque el estilista, mientras retorcía mi cabello con firmeza y esmero, me dijo:
--Es la señora Medrano, viene tres veces por semana,desde hace cinco años. Le lavan el cabello y se lo peinan, a la perfección. Y sabes qué? --me dijo en tono de complicidad culpable, como si yo lo hubiera obligado a confesarlo --los días que no viene, duerme con un protector para el pelo y almohadas altas, para no despeinarse.
Yo la miré con disimulo, y me di cuenta de que todo ese ritual tenía como objetivo estar lista, indefinidamente.
Diez minutos después, yo también estuve lista, y me alejé mirando de reojo cómo ella permanecía inmóvil, sin expresión facial, ante los violentos jaloneos del estilista.
Hoy transitaba por el boulevard Agua Caliente, a eso de las seis de la tarde. Desde aquel día, tengo la costumbre de ver con curiosidad esa estética cada vez que paso por ahi, tratando de adivinar el motivo por el que decenas de mujeres pierden gran parte de sus vidas alistándose para algo, para ese algo que esperan y que evidentemente debe llegar. Sin embargo hoy, sin esperarlo, obtuve la respuesta, cuando miré, sentada en la misma silla, a la mujer que conocí en 1989. La pude ver desde mi carro, mientras esperaba la luz verde. No dudé que fuese ella: poseía el mismo aplomo, el mismo cuello largo y, el mismo color y corte de cabello. En ese instante comprendí la espera, la espera cíclica que las sigue de cerca cuando abandonan el salón; compañera insufrible que no cruza la puerta cuando ellas, impacientes, regresan a alistarse para regresar.
domingo, diciembre 15
CONSECUENCIA LOGICA
Existe pensamiento sin lenguaje; las investigaciones acerca de las aptitudes para resolver problemas de los bebés humanos y de algunos animales lo confirman. Sin embargo, una vez que estos bebés aprenden un lenguaje, adquieren la capacidad de pensar en palabras, lo cual puede ampliar y al mismo tiempo restringir su pensamiento. Lo amplía por la herramienta que éste le da para analizar su entorno y sus relaciones con él; y lo limita al imponerle la visión del mundo propia de su lengua nativa. Por ejemplo, los esquimales utilizan doce palabras distintas para nombrar tipos específicos de nieve, mientras que nosotros solo usamos una. Esa limitante en nuestro lenguaje nos impide apreciar los tipos de nieve con todas sus características y detalles (por supuesto que es algo que no manejamos a diario, de la misma manera que ellos no manejan como cotidianas un sin fin de nuestras palabras, por eso debemos aprender todas las lenguas posibles!!! para ampliar verdaderamente nuestra cosmovisión).
Adquirimos el lenguaje a través del oído, posteriormente a través de la vista; y así inciamos el proceso interminable de conocerlo. Nuestra manera de pensar se refleja ( no siempre con fidelidad) en nuestro lenguaje hablado, y éste, a su vez, influye en el pensamiento. En este tiempo de comunicación alternativa (chat, para ser más exacta), en la que se suprime el uso de la voz y se utiliza la escritura, se observan fenómenos interesantes. El pensamiento, acostumbrado a fluir como el habla, se ve influenciado por esta nueva manera de hablar. Para comprobarlo, cito mi propia experiencia:
Iba manejando con las ventanas del carro cerradas y el radio apagado, totalmente inmersa en mis pensamientos, cuando me descubrí haciendo lo siguiente:
no se si vaya a ir
a la cena del lunes
las señoras son buena onda
pero lo más seguro
es que quiera
salir huyendo de ahi.
Estaba pensando en lenguaje chat! Es lógico, hay días que hablo más por ese medio que por mi propia boca. No tiene nada de raro que mi pensamiento adopte mi nueva manera de hablar.
Existe pensamiento sin lenguaje; las investigaciones acerca de las aptitudes para resolver problemas de los bebés humanos y de algunos animales lo confirman. Sin embargo, una vez que estos bebés aprenden un lenguaje, adquieren la capacidad de pensar en palabras, lo cual puede ampliar y al mismo tiempo restringir su pensamiento. Lo amplía por la herramienta que éste le da para analizar su entorno y sus relaciones con él; y lo limita al imponerle la visión del mundo propia de su lengua nativa. Por ejemplo, los esquimales utilizan doce palabras distintas para nombrar tipos específicos de nieve, mientras que nosotros solo usamos una. Esa limitante en nuestro lenguaje nos impide apreciar los tipos de nieve con todas sus características y detalles (por supuesto que es algo que no manejamos a diario, de la misma manera que ellos no manejan como cotidianas un sin fin de nuestras palabras, por eso debemos aprender todas las lenguas posibles!!! para ampliar verdaderamente nuestra cosmovisión).
Adquirimos el lenguaje a través del oído, posteriormente a través de la vista; y así inciamos el proceso interminable de conocerlo. Nuestra manera de pensar se refleja ( no siempre con fidelidad) en nuestro lenguaje hablado, y éste, a su vez, influye en el pensamiento. En este tiempo de comunicación alternativa (chat, para ser más exacta), en la que se suprime el uso de la voz y se utiliza la escritura, se observan fenómenos interesantes. El pensamiento, acostumbrado a fluir como el habla, se ve influenciado por esta nueva manera de hablar. Para comprobarlo, cito mi propia experiencia:
Iba manejando con las ventanas del carro cerradas y el radio apagado, totalmente inmersa en mis pensamientos, cuando me descubrí haciendo lo siguiente:
no se si vaya a ir
a la cena del lunes
las señoras son buena onda
pero lo más seguro
es que quiera
salir huyendo de ahi.
Estaba pensando en lenguaje chat! Es lógico, hay días que hablo más por ese medio que por mi propia boca. No tiene nada de raro que mi pensamiento adopte mi nueva manera de hablar.
viernes, diciembre 13
SAL Y PIMIENTA
No sólo es porque la entrada cuesta la mitad que en San Diego; ni porque los asientos, la pantalla, el sonido y las salas en general son bastante superiores en calidad y comodidad a las de la vecina ciudad: son los comentarios simultáneos. Las salas de cine sandieguinas gozan de la falta de vida propia del norteamericano; generalmente no se escucha sonido más que el correspondiente a la película; además, las emociones son compartidas al mismo tiempo por todos los espectadores: ningún grito o carcajada aislado.
Hoy fuí a ver "Frida" al cinépolis. Esta película intenta a toda costa recrear el ambiente mexicano de la época; sin embargo, se queda en el intento. Frases chocantes como "let's get married, chiquitita", "eat your mole, panzón" y cosas por el estilo no hacen más que descontextualizar (debieron tomar la decisión: inglés o español, no speedy gonzález). Pero la película fue rescatada por dos señoras que se sentaron, estratégicamente, a mis espaldas. Conversaban a todo pulmón.
-Ah, caray, ¿y quién es ese compa?
-(risas a destiempo)
-No mira, lo que pasa es que los gringos no son comunistas, por eso lo corrieron.
-Ahi va otra vez el cabrón!
-Ay, mujer, te digo que es su papá.
Y más comentarios por el estilo. Pensé en pedirles su teléfono para ponernos deacuerdo para ir al cine, y sentarme siempre frente a ellas anotando, invariablemente, sus opiniones e interpretaciones. Son sal y pimienta para la basura hollywoodense.
Hace unos años, fui a ver la película de "Siete años en el Tibet". Transcurrieron veinte minutos en los que, Brad Pitt, deambulaba lastimosamente por el desierto. El soundtrack de la película invitaba a la meditación, al relajamiento místico. Al fin, el personaje llega ante el Dalai Lama, quien era aun muy joven, y lo saluda con reverencia. Mi vecino de la hilera de atrás no pudo ser más oportuno:
-Ya viste guey? Ese morrito se parece a tu carnal.
Fue lo mejor de la película.
No sólo es porque la entrada cuesta la mitad que en San Diego; ni porque los asientos, la pantalla, el sonido y las salas en general son bastante superiores en calidad y comodidad a las de la vecina ciudad: son los comentarios simultáneos. Las salas de cine sandieguinas gozan de la falta de vida propia del norteamericano; generalmente no se escucha sonido más que el correspondiente a la película; además, las emociones son compartidas al mismo tiempo por todos los espectadores: ningún grito o carcajada aislado.
Hoy fuí a ver "Frida" al cinépolis. Esta película intenta a toda costa recrear el ambiente mexicano de la época; sin embargo, se queda en el intento. Frases chocantes como "let's get married, chiquitita", "eat your mole, panzón" y cosas por el estilo no hacen más que descontextualizar (debieron tomar la decisión: inglés o español, no speedy gonzález). Pero la película fue rescatada por dos señoras que se sentaron, estratégicamente, a mis espaldas. Conversaban a todo pulmón.
-Ah, caray, ¿y quién es ese compa?
-(risas a destiempo)
-No mira, lo que pasa es que los gringos no son comunistas, por eso lo corrieron.
-Ahi va otra vez el cabrón!
-Ay, mujer, te digo que es su papá.
Y más comentarios por el estilo. Pensé en pedirles su teléfono para ponernos deacuerdo para ir al cine, y sentarme siempre frente a ellas anotando, invariablemente, sus opiniones e interpretaciones. Son sal y pimienta para la basura hollywoodense.
Hace unos años, fui a ver la película de "Siete años en el Tibet". Transcurrieron veinte minutos en los que, Brad Pitt, deambulaba lastimosamente por el desierto. El soundtrack de la película invitaba a la meditación, al relajamiento místico. Al fin, el personaje llega ante el Dalai Lama, quien era aun muy joven, y lo saluda con reverencia. Mi vecino de la hilera de atrás no pudo ser más oportuno:
-Ya viste guey? Ese morrito se parece a tu carnal.
Fue lo mejor de la película.
miércoles, diciembre 11
CURIOSIDAD
El gusto por lo familiar no es sino el eco que se produce de nuestra mediocridad. Temer a lo incierto, a lo descomunal, a lo "raro", es responder a nuestro instinto básico de permanecer en el redil. Las tradiciones, los usos y las costumbres nos llenan de la satisfacción que proviene de hacer "lo que se debe como debe ser". Sin embargo, el ir por rumbos desconocidos siempre ha tenido como consecuencia el descubrimiento de algo; aportaciones valiosas de quienes han osado ir contracorriente.
A estas horas de la madrugada no se puede sino divagar: tal vez el reorganizar los muebles de una casa estratégicamente, de manera que se ubiquen en los lugares menos acostumbrados, podría modificar las relaciones conyugales, parentales y fraternales de quienes viven en ella; llenar de novedad la vida de los se hartan de lo mismo.
Hace rato, cuando surgió esta idea, decidí que haría un hermoso caos en mi casa; sin embargo, fuí práctica (o perezosa): solo atiné a cambiar el formato de la hora del microondas a 24h. Disfrute mi hazaña al ver a unos enormes números verdes anunciar las 00:09. Que maravilla! y sólo utilicé mi dedo y dos segundos. ¿Que no podría lograrse con mantener de por vida esa mentalidad?
El gusto por lo familiar no es sino el eco que se produce de nuestra mediocridad. Temer a lo incierto, a lo descomunal, a lo "raro", es responder a nuestro instinto básico de permanecer en el redil. Las tradiciones, los usos y las costumbres nos llenan de la satisfacción que proviene de hacer "lo que se debe como debe ser". Sin embargo, el ir por rumbos desconocidos siempre ha tenido como consecuencia el descubrimiento de algo; aportaciones valiosas de quienes han osado ir contracorriente.
A estas horas de la madrugada no se puede sino divagar: tal vez el reorganizar los muebles de una casa estratégicamente, de manera que se ubiquen en los lugares menos acostumbrados, podría modificar las relaciones conyugales, parentales y fraternales de quienes viven en ella; llenar de novedad la vida de los se hartan de lo mismo.
Hace rato, cuando surgió esta idea, decidí que haría un hermoso caos en mi casa; sin embargo, fuí práctica (o perezosa): solo atiné a cambiar el formato de la hora del microondas a 24h. Disfrute mi hazaña al ver a unos enormes números verdes anunciar las 00:09. Que maravilla! y sólo utilicé mi dedo y dos segundos. ¿Que no podría lograrse con mantener de por vida esa mentalidad?