Toda escritura es una profecía. Escribimos para anunciar un tiempo que llegará tal y como lo hemos escrito. Si el escritor es alguien atormentado es porque conoce su futuro en su escritura, porque sabe que de sus dedos puede salir su propia sentencia de muerte. Sentencia que cumplirá al pie de su letra, no porque exista un destino que desde antaño lo haya determinado, sino porque él mismo, después de escribirlo, se encargará de llevarlo a la práctica. Las profecías no se cumplen porque el futuro ya estaba previsto, sino que se cumplen porque se escriben. El profeta y el escritor son hombres tan orgullosos que consiguen que sus palabras se cumplan antes de aceptar que lo que escriben o pregonan son simples palabras, y que sólo tiene el poder que se les concede. Aunque, en la mayor parte de los casos, se les conceda la omnipotencia.
Somos nosotros quienes escribimos alguna vez que la realidad está formada por lenguaje. A partir de ahí, nos convertimos en servidores del lenguaje.
Filtro cerebral es un artefacto inexistente formado de palabras cuya finalidad es la bùsqueda de nimiedades.
lunes, octubre 30
sábado, octubre 28
Las Torres Gemelas
Para continuar con mi reciente sustitución de textos por links, aquí va otro; este de un texto publicado en el semanario cultural Bitácora, en el que elaboro un análisis de la alegoría del latino en la cinta Las Torres Gemelas (World Trade center) de Oliver Stone.
Para leerlo, da click aqui
Para continuar con mi reciente sustitución de textos por links, aquí va otro; este de un texto publicado en el semanario cultural Bitácora, en el que elaboro un análisis de la alegoría del latino en la cinta Las Torres Gemelas (World Trade center) de Oliver Stone.
Para leerlo, da click aqui
miércoles, octubre 25
martes, octubre 24
lunes, octubre 23
Otro link
Este de un relato publicado en el suplemento cultural Catedral, incluído semanalmente en el diario Síntesis de Puebla, Tlaxcala e Hidalgo.
Catedral # 733
Este de un relato publicado en el suplemento cultural Catedral, incluído semanalmente en el diario Síntesis de Puebla, Tlaxcala e Hidalgo.
Catedral # 733
lunes, octubre 16
De ensayistas
Aquí va un link de un articulo de la sala de prensa de CONACULTA acerca del trabajo de algunos de los que participamos en el II Encuentro Nacional de Ensayistas de Tierra Adentro.
http://www.conaculta.gob.mx/saladeprensa/index.php?indice=4&fecha=2006-10-09
Aquí va un link de un articulo de la sala de prensa de CONACULTA acerca del trabajo de algunos de los que participamos en el II Encuentro Nacional de Ensayistas de Tierra Adentro.
http://www.conaculta.gob.mx/saladeprensa/index.php?indice=4&fecha=2006-10-09
sábado, octubre 7
Benéficos epifenómenos del subempleo
Retirar un carro parado a media avenida en menos de treinta segundos es algo que sólo puede suceder en un país tercermundista. En Estados Unidos, por ejemplo, un automovilista debe esperar más de media hora a que una grúa del AAA (servicio pagado anualmente por el conductor) venga a, digamos, pasarle corriente.
En nuestro país, gracias a la existencia del subempleo, es posible agilizar enormemente este proceso. Hace unos días, mientras transitaba en mi auto durante la hora pico de la mañana, una panel se quedó parada casi junto a mí. Inmediatamente y sabe Dios de dónde, salieron cuatro limpiadores de carro a toda velocidad, ordenaron al conductor que regresara al volante y rápidamente lo empujaron hacia una calle lateral. Todo esto mientras otro de ellos detenía el tráfico para la maniobra. No pude ver si echaron o no a andar el vehículo, pero lo estaban intentando cuando el semáforo cambio a verde. Todo esto sin contrato anual, sin preguntas y sin aplicar restricciones. Eso sí, nuestros limpadores de auto no ganan ni la quincuagésima parte de lo que gana el chofer de la grúa de AAA, pero parece que con la algarabía del suceso y una propina quedan satisfechos. ¿Mejor o peor? Quién sabe. Eso sí, agradezco vivir en un sitio en el que no tengo que llenar ninguna forma para recibir un favor.
viernes, octubre 6
Quien como tú y todas las palomas se inspira en la oscuridad
día y noche
pica la estrella de mis ojos antes de que brille,
arranca la hierba de mis cejas antes de que blanquee
lanza la puerta a las nubes antes de que yo caiga.
Quien como tú y todos los claveles precisa sangre por moneda y
muerte por vino
sopla el vidrio para su copa de mis manos,
lo colorea con la palabra que yo no dije, rojo,
lo rompe en pedazos con la piedra de la lágrima lejana.
Paul Celan, Amapola y memoria
día y noche
pica la estrella de mis ojos antes de que brille,
arranca la hierba de mis cejas antes de que blanquee
lanza la puerta a las nubes antes de que yo caiga.
Quien como tú y todos los claveles precisa sangre por moneda y
muerte por vino
sopla el vidrio para su copa de mis manos,
lo colorea con la palabra que yo no dije, rojo,
lo rompe en pedazos con la piedra de la lágrima lejana.
Paul Celan, Amapola y memoria
jueves, octubre 5
No he podido hace otra cosa que escribir. Cuando de pronto saltan a mi vista opciones distintas, intento descalificarlas con un después, para que no hagan mella en este impulso que debe ser cuidado y conservado, pues no siempre brota con esa intensidad. Brota, extrañamente, cuando en la realidad emergen límites extraños o soledades. Cuando el dolor de algo que no sé qué es, surge con más fuerza. Entonces viene el deseo de aplacarlo a base de escritura. Cada tecla, un disparo.
°
Existe un estado de enamoramiento que nada tiene que ver con otra persona. No es un enamoramiento feliz, sino un amor doloroso que, pase lo que pase, causa nostalgia. Gran parte de los mexicanos viven el amor de esa manera, no es casualidad que la música popular apele siempre a ese amor perdido, un amor que, en la mayoría de los casos, nunca existió. Nostalgia, no de la muerte, sino del nacimiento.
°
La adolescencia es un estado nefasto del ser humano, no por su carácter transitivo, sino porque en ella se vislumbra al adulto. El adulto es un ser despreciable. Es alguien que, agachando la cabeza, ha aceptado tirar a la basura su ser para conformarse con portar un traje. El adolescente lo presiente, sabe que en unos años tendrá que tomar su vida en un puño y, como una hoja de papel inservible, apretarla y lanzarla al cesto común. No culpo a los adolescentes tardíos. Se resisten a tirar sus últimas gotas vivas. Mucho menos a aquellos que, durante toda su vida han permanecido infantes. Ser adulto es aceptar la domesticación. Sólo quien jamás acepta la etiqueta de adulto conoce realmente qué es eso de vivir.
°
Lanzarlo todo. Pronto y de una vez. Agotarse. Derrochar cada instante. Quedar a cada segundo vacío. Desnudo. Sin habla. No guardar nada hasta el final. Éste es el final.
°
Existe un estado de enamoramiento que nada tiene que ver con otra persona. No es un enamoramiento feliz, sino un amor doloroso que, pase lo que pase, causa nostalgia. Gran parte de los mexicanos viven el amor de esa manera, no es casualidad que la música popular apele siempre a ese amor perdido, un amor que, en la mayoría de los casos, nunca existió. Nostalgia, no de la muerte, sino del nacimiento.
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La adolescencia es un estado nefasto del ser humano, no por su carácter transitivo, sino porque en ella se vislumbra al adulto. El adulto es un ser despreciable. Es alguien que, agachando la cabeza, ha aceptado tirar a la basura su ser para conformarse con portar un traje. El adolescente lo presiente, sabe que en unos años tendrá que tomar su vida en un puño y, como una hoja de papel inservible, apretarla y lanzarla al cesto común. No culpo a los adolescentes tardíos. Se resisten a tirar sus últimas gotas vivas. Mucho menos a aquellos que, durante toda su vida han permanecido infantes. Ser adulto es aceptar la domesticación. Sólo quien jamás acepta la etiqueta de adulto conoce realmente qué es eso de vivir.
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Lanzarlo todo. Pronto y de una vez. Agotarse. Derrochar cada instante. Quedar a cada segundo vacío. Desnudo. Sin habla. No guardar nada hasta el final. Éste es el final.
miércoles, octubre 4
Réplica
Hace unos minutos leía mi blog (el más leído por mí misma). Leía una cita que hago de Maffesoli, en la que explica que nos disfrazamos del rol que representamos en el aparato económico. Hoy no estoy de acuerdo conmigo misma de hace unas semanas, cuando acepté lo que dice el autor italiano.
El problema no es que nos disfrazemos de nuestro rol, sino que nos disfrazamos de lo contrario. Los contadores, en sus ratos libres desean acercarse a la cultura. Incluso exhiben sus chamarras y sus morrales trendy para fundirse en el ambiente. Por su parte, los artistas y escritores desean cada vez ser más "normales" y pertenecer al discurso global. Participar de la diversión de las masas. Estar al día de lo chic y lo cool. Ha triunfado la movilidad. La tendencia es no parecer lo que haces.
Lo que eres, por supuesto, no tiene cabida en este sitio. Sólo existe el hacer y el aparentar no hacer. ¿Hay algo de negativo en esto? Y si lo hay, ¿negativo para quién?
Existe una máscara en cualquier disfraz. No importa si es para pertenecer o para huir. El problema, en todo caso, es la máscara misma (unida al disfraz completo).
Prolifera una tendencia a ocuparse teóricamente de los ligeros cambios. Mantener ocupadas mentes brillantísimas en descifrar los fenómenos de la globalización. Esto permite que la estructura se solidifique, aunque sea por algunas décadas, mientras se desploma. Tiene razón Zízek cuando afirma que la estructura capitalista crea la ilusión de que será eterna. Esta idea de eternidad ocupa a las mentes brillantes. Las motiva a conflagraciones mentales para suspender el discurso hegemónico; y termina volviéndolos inofensivos. Meros chupamirtos pensantes. Seres que, a diario, ven el apocalipsis por la ventana. Sin darse cuenta que esa no es una ventana, sino un espejo.
¿Qué hacer? Nada. Los regímenes imperfectos (es decir, todos), se derrumban por sí mismos.
La única tarea real es ser feliz. Esto es aún más difícil que destronar la globalización.
Hace unos minutos leía mi blog (el más leído por mí misma). Leía una cita que hago de Maffesoli, en la que explica que nos disfrazamos del rol que representamos en el aparato económico. Hoy no estoy de acuerdo conmigo misma de hace unas semanas, cuando acepté lo que dice el autor italiano.
El problema no es que nos disfrazemos de nuestro rol, sino que nos disfrazamos de lo contrario. Los contadores, en sus ratos libres desean acercarse a la cultura. Incluso exhiben sus chamarras y sus morrales trendy para fundirse en el ambiente. Por su parte, los artistas y escritores desean cada vez ser más "normales" y pertenecer al discurso global. Participar de la diversión de las masas. Estar al día de lo chic y lo cool. Ha triunfado la movilidad. La tendencia es no parecer lo que haces.
Lo que eres, por supuesto, no tiene cabida en este sitio. Sólo existe el hacer y el aparentar no hacer. ¿Hay algo de negativo en esto? Y si lo hay, ¿negativo para quién?
Existe una máscara en cualquier disfraz. No importa si es para pertenecer o para huir. El problema, en todo caso, es la máscara misma (unida al disfraz completo).
Prolifera una tendencia a ocuparse teóricamente de los ligeros cambios. Mantener ocupadas mentes brillantísimas en descifrar los fenómenos de la globalización. Esto permite que la estructura se solidifique, aunque sea por algunas décadas, mientras se desploma. Tiene razón Zízek cuando afirma que la estructura capitalista crea la ilusión de que será eterna. Esta idea de eternidad ocupa a las mentes brillantes. Las motiva a conflagraciones mentales para suspender el discurso hegemónico; y termina volviéndolos inofensivos. Meros chupamirtos pensantes. Seres que, a diario, ven el apocalipsis por la ventana. Sin darse cuenta que esa no es una ventana, sino un espejo.
¿Qué hacer? Nada. Los regímenes imperfectos (es decir, todos), se derrumban por sí mismos.
La única tarea real es ser feliz. Esto es aún más difícil que destronar la globalización.
lunes, octubre 2
De viajes
Un viaje es un mito. No importa cuál sea su motivo o su destino. Los viajes sólo consiguen abrir en la realidad cotidiana un hueco, del que poco a poco debe salirse para entrar de nuevo en el engranaje diario. Un viaje es una minificción.
No es posible comprobar científicamente la existencia de un viaje. Queda sólo un sabor vago, una visión borrosa y una memoria cargada de un recuerdo que bien pudiera no ser cierto. Desconfío de los viajes tanto como de mi memoria.
Si fuera el temblor en mis manos una señal segura de que existió un viaje, significa que viajo con demasiada frecuencia. Si fuera un hueco en el estómago, todas las mañanas regreso de un viaje. Si fuera la piel bronceada, mi nacimiento fue el regreso de un viaje.
Aunque podría ser a la inversa. Y el espacio desde el cual escribo, en el que a diario lavo mi cabello y me observo en el espejo, sea en realidad el espacio del viaje. Tal vez todas esas ciudades que recuerda mi mente, esas personas y esas costas son en realidad el sitio en el que habito. Tal vez la ciudad que se cree habitar es una estancia intermedia, tan sólo una escala para el próximo viaje.
Y tal vez la memoria, esa denostada área víctima de múltiples críticas, sea un sitio más real que el que muestran los sentidos. Y cada viaje un recorrido por ese mismo sitio. Y en cada lugar las mismas personas, las mismas búsquedas, la misma euforia, el mismo dolor.
Puede ser que solo habitemos el hueco.
Un viaje es un mito. No importa cuál sea su motivo o su destino. Los viajes sólo consiguen abrir en la realidad cotidiana un hueco, del que poco a poco debe salirse para entrar de nuevo en el engranaje diario. Un viaje es una minificción.
No es posible comprobar científicamente la existencia de un viaje. Queda sólo un sabor vago, una visión borrosa y una memoria cargada de un recuerdo que bien pudiera no ser cierto. Desconfío de los viajes tanto como de mi memoria.
Si fuera el temblor en mis manos una señal segura de que existió un viaje, significa que viajo con demasiada frecuencia. Si fuera un hueco en el estómago, todas las mañanas regreso de un viaje. Si fuera la piel bronceada, mi nacimiento fue el regreso de un viaje.
Aunque podría ser a la inversa. Y el espacio desde el cual escribo, en el que a diario lavo mi cabello y me observo en el espejo, sea en realidad el espacio del viaje. Tal vez todas esas ciudades que recuerda mi mente, esas personas y esas costas son en realidad el sitio en el que habito. Tal vez la ciudad que se cree habitar es una estancia intermedia, tan sólo una escala para el próximo viaje.
Y tal vez la memoria, esa denostada área víctima de múltiples críticas, sea un sitio más real que el que muestran los sentidos. Y cada viaje un recorrido por ese mismo sitio. Y en cada lugar las mismas personas, las mismas búsquedas, la misma euforia, el mismo dolor.
Puede ser que solo habitemos el hueco.
domingo, septiembre 24
Ya vió la luz El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI. Es una recopilación de ensayos a cargo de Geney Beltrán y Verónica Murguía en el Fondo Editorial Tierra Adentro, en la que participamos varios escritores mexicanos que trabajamos con este género. Aquí reproduzco unos comentarios del blog de Geney respecto al libro:
"Se trata de una reunión de ensayos inéditos escritos por autores mexicanos nacidos a partir de 1970. El conjunto de textos es muy rico, multifacético y contradictorio. Producto de una investigación de varios meses, la selección se realizó a partir de un material muy amplio. Y el resultado, pienso, es excelente: hay en sus páginas ensayos de temas muy diversos, con estilos, ideas y enfoques muy variados, que conforman un panorama de gran interés sobre el ensayo actual en México. Pronto estará el libro distribuido en las librerías Educal de Conaculta."
Se presentará por primera vez en el II Encuentro Nacional de Ensayistas en La Paz. Por allá nos vemos.
"Se trata de una reunión de ensayos inéditos escritos por autores mexicanos nacidos a partir de 1970. El conjunto de textos es muy rico, multifacético y contradictorio. Producto de una investigación de varios meses, la selección se realizó a partir de un material muy amplio. Y el resultado, pienso, es excelente: hay en sus páginas ensayos de temas muy diversos, con estilos, ideas y enfoques muy variados, que conforman un panorama de gran interés sobre el ensayo actual en México. Pronto estará el libro distribuido en las librerías Educal de Conaculta."
Se presentará por primera vez en el II Encuentro Nacional de Ensayistas en La Paz. Por allá nos vemos.
miércoles, septiembre 6
No es necesario destronar a la autoridad. Si destronas a la autoridad tendrás tú que ser la autoridad. Para entonces compartirás las mismas características deficientes de la autoridad. Y sufrirás todo lo que sufre la autoridad. Y querrán derrocarte como a la autoridad. El rey más astuto es el que no ocupa el trono.
lunes, septiembre 4
¿Solteros codiciados?
Hace unos días circulaba por los medios la noticia de una adolescente que había sido secuestrada por un hombre que se suicidó cuando la rescataron. La chica estaba triste por la muerte de su secuestrador y narraba cómo la pasaba bien con él: desayunaban juntos, ella hacía el quehacer del hogar, leía y veía la televisión. Incluso se especulaba la posibilidad de un embarazo. Los abogados, policías y corresponsales estuvieron tan desconcertados ante tales declaraciones que prefirieron declarar que padecía el "Síndrome de Estocolmo". Creo que quisieron decir que "esto es el colmo", pues el hecho que una chica resulte más feliz con un secuestrador que con el infierno que debió haber vivido en casa con sus padres, es algo aún más preocupante. Por favor chicas, please don't try running away with kidnappers. O por lo menos no con uno desconocido.
Hace unos días circulaba por los medios la noticia de una adolescente que había sido secuestrada por un hombre que se suicidó cuando la rescataron. La chica estaba triste por la muerte de su secuestrador y narraba cómo la pasaba bien con él: desayunaban juntos, ella hacía el quehacer del hogar, leía y veía la televisión. Incluso se especulaba la posibilidad de un embarazo. Los abogados, policías y corresponsales estuvieron tan desconcertados ante tales declaraciones que prefirieron declarar que padecía el "Síndrome de Estocolmo". Creo que quisieron decir que "esto es el colmo", pues el hecho que una chica resulte más feliz con un secuestrador que con el infierno que debió haber vivido en casa con sus padres, es algo aún más preocupante. Por favor chicas, please don't try running away with kidnappers. O por lo menos no con uno desconocido.
jueves, agosto 31
Quien no se acepte perdido, que no escriba. No puede escribir quien tiene todas las respuestas, pues escribir es preguntar. Quien pretende saber, y escribe, no sólo se pierde a él mismo, sino que pierde también a quien lo lee. Es como aquel hombre que, creyendo conocer su espacio, instruye al forastero en un camino que nunca ha recorrido, pero que presume conocer.
La escritura es la más sencilla de las tareas, pues se llega a ella desnudo y con las manos vacías. Aunque tal vez lo más difícil es eso mismo, presentarse en blanco ante el lenguaje y preguntarle. No querer llenar la página en blanco, sino ser la página en blanco. Ser escrito. Andar por el lenguaje sin santo ni seña.
Sentarse, calladamente, a escuchar.
La escritura es la más sencilla de las tareas, pues se llega a ella desnudo y con las manos vacías. Aunque tal vez lo más difícil es eso mismo, presentarse en blanco ante el lenguaje y preguntarle. No querer llenar la página en blanco, sino ser la página en blanco. Ser escrito. Andar por el lenguaje sin santo ni seña.
Sentarse, calladamente, a escuchar.
jueves, agosto 17
Después de enterarnos de la sobrevivencia de los pescadores de Nayarit -quienes duraron nueve meses a la deriva en el océano pacífico, para después ser hallados cerca de Australia- debemos de renunciar a cualquier preocupación por el presente y futuro de nuestro país. Pertenecemos, sin duda, a una de las razas más adaptables y resistentes del planeta. Si sobrevivimos setenta años al PRI, ¿cómo no vamos a sobrevivir nueve meses en el océano? ¿o los problemas postelectorales?
Venga lo que venga, desgraciada o afortunadamente, la raza cósmica está lista.
Venga lo que venga, desgraciada o afortunadamente, la raza cósmica está lista.
martes, agosto 8
TELECCIONES
El conflicto electoral que experimenta México es consecuencia de las telecciones. Es posible que haya existido un fraude electoral, sí, pero creo que algunas de las irregularidades en el conteo electoral se debió a la urgencia del PREP por generar la información necesaria a los medios que transmitían las elecciones en tiempo real. La prisa por rendir cuentas a los noticieros que transmitían su "Telectón" provocó en parte los errores en los cálcuos.
Dice Paul Virilio que "La democracia es la espera de una decisón tomada colectivamente. La democracia viva, la democracia automática, elimina esta reflexión en beneficio de un reflejo." Y es precisamente el reflejo el que estuvimos exprimentando durante los meses de Mitofsky, o el día del PREP. La exigencia del tiempo real exigía que se eliminara la espera que hace posible que exista la democracia en pos de un resultado inmediato. Ahora, el proceso natural de la elección ha tomado su curso a pesar de nuestra impaciencia, y se ha vuelto más largo de lo esperado. Ahora, debemos esperar. El tribunal electoral, aunque presionado por los medios, toma su tiempo necesario para deliberar. Cabe sólo aguardar a que el hambre informativa no sabotee de nuevo el curso normal del proceso y continuemos viviendo un proceso electoral interminable, que se alarga por querer ser inmediato.
El conflicto electoral que experimenta México es consecuencia de las telecciones. Es posible que haya existido un fraude electoral, sí, pero creo que algunas de las irregularidades en el conteo electoral se debió a la urgencia del PREP por generar la información necesaria a los medios que transmitían las elecciones en tiempo real. La prisa por rendir cuentas a los noticieros que transmitían su "Telectón" provocó en parte los errores en los cálcuos.
Dice Paul Virilio que "La democracia es la espera de una decisón tomada colectivamente. La democracia viva, la democracia automática, elimina esta reflexión en beneficio de un reflejo." Y es precisamente el reflejo el que estuvimos exprimentando durante los meses de Mitofsky, o el día del PREP. La exigencia del tiempo real exigía que se eliminara la espera que hace posible que exista la democracia en pos de un resultado inmediato. Ahora, el proceso natural de la elección ha tomado su curso a pesar de nuestra impaciencia, y se ha vuelto más largo de lo esperado. Ahora, debemos esperar. El tribunal electoral, aunque presionado por los medios, toma su tiempo necesario para deliberar. Cabe sólo aguardar a que el hambre informativa no sabotee de nuevo el curso normal del proceso y continuemos viviendo un proceso electoral interminable, que se alarga por querer ser inmediato.
viernes, julio 28
AMOR DE VERANO
Ningún actor quiere que el éxito de su espectáculo termine; por ello es comprensible que Felipe Calderón y López Obrador se aferren a su exitosa campaña electoral, aún después de las elecciones.
¿Exitosa?
No en términos de lo que una campaña electoral “debería” de ser, sino en términos de ratings. Creo que si Mitofsky hiciera una encuesta acerca del seguimiento mediático de esta campaña electoral, sin duda se llevaría el premio a la más “vista” en México de todos los tiempos. La más vista, no la más participativa en cuanto a número de votantes. El voto mental que todo televidente emitía a diario durante la campaña mediática no llegó a las urnas por parte un enorme porcentaje de la población. Los peligros de la ilusión participativa de los medios.
El 2 de julio sólo fue un capítulo más en este sitcom electoral que era aún mejor que “El privilegio de mandar”. El proceso electoral televisado, desde el voto de Carlos Fuentes hasta el desvelo de López Dóriga, probó que se trataba de un evento mediático, como el mundial de fútbol o la muerte del Papa. El problema ahora es que, a diferencia de los jugadores de la selección o el difunto Papa, los candidato electorales que gozaron de mayor popularidad durante la campaña quieren, literalmente ¡que siga la fiesta!
Y es que era tan bonito estar todas las mañanas en la pantalla. Ser entrevistados por los peinaditos de televisa: Loret de Mola o López Dóriga. Hablar y ser aplaudidos por las multitudes sentadas en su sillón. Verse cada media hora en cualquier canal. Y ahora, ¿por un simple acto electoral se va a acabar toda esa lindura? No señores. Claro que no. ¡Voto por voto! ¡Casilla por casilla!
Ninguno de los dos candidatos ha entendido que, ahem, ¿cómo decirles?¡ Las elecciones son el fin de la campaña electoral! Sí, señores. Siento mucho deciros tal horrible verdad, pero, al menos en este país, así se acostumbra, ¿O se acostumbraba?
Ahora, como los comerciales en las televisoras cuestan más caros cuando sale el azulito o el amarillito, pues venga nos.
Calderón sigue utilizando el lenguaje de la campaña electoral. En una entrevista que le hizo Andrés Oppenheimer, hablaba de la política nacional como un niño optimista salido de Harvard. Ah, perdón, pues de ahí salió ¿no? Incluso llegó a manifestar su largamente pensada solución a la inmigración ilegal a los Estado Unidos. Sí, que nuestro país vecino construya carreteras en México en vez de muro fronterizo. Así nuestros paisanos, ¿qué? ¿ Se pasearán de pueblo jodido en pueblo jodido? Pero bueno, ni siquiera eso es lo utópico del asunto, sino que cree que Estado Unidos dejará de gastar en la guerra de Irak para venir a construirle las carreteras que quiere, ¿qué lindo, no?
Todo lo que dijo en la entrevista era por el mismo tono, como si aún estuviera en pos de ganar votos. Diciendo todo lo que se “esperaba” que dijese, con un optimismo bruto. No dándose cuenta que, duh, los del IFE son sus compas, y que ya la tiene asegurada con Ugalde. Pero no, eso no es divertido. Es mejor seguir en la campaña, ¿o es que es verdad lo que muestra su lenguaje corporal? Este hombre parece tener miedo de ser presidente. Pareciera que sabe que la silla le queda muy grande. Que tiene sus manos limpias muy chiquitas para levantarlas y dar el grito desde el balcón el 15 de septiembre. Está difícil su situación. Por eso prefiere cerrar los ojos y pedir que este verano electoral dure toda la vida. Tan bonito que es estar enamorado.
López Obrador, no sólo disfruta su actuación en los medios, sino que se delata cuando está parado en el zócalo de la capital: los ojos se le humedecen, pero no por la emoción de su causa, sino por el saber que toda esa gente lo aplaudiría por seis años, y ya no se le hizo. Así que quiere prologar también el amor de verano todo lo que se pueda, aunque sea deshojando las margaritas de las boletas electorales.
Mientras todo eso sucede en el mundo del espectáculo, los ciudadanos “reales” presenciamos como se devalúa nuestro proceso electoral. Como a casi un mes de haber emitido nuestro voto, aún no sabemos quién nos gobernará los próximos seis años. Y, peor aún, en la vida real, la solución de los problemas nacionales del presente se encuentra estancada, como si no tuviésemos ahora un presidente electo desde el 2000, quién pareciera que, como todos nosotros, ve los conflictos como el de Oaxaca desde su televisión, mientras que junto a Marthita espera el siguiente capítulo de su telenovela favorita que ya se ha alargado a petición del público: “La campaña electoral 2006.”
Ningún actor quiere que el éxito de su espectáculo termine; por ello es comprensible que Felipe Calderón y López Obrador se aferren a su exitosa campaña electoral, aún después de las elecciones.
¿Exitosa?
No en términos de lo que una campaña electoral “debería” de ser, sino en términos de ratings. Creo que si Mitofsky hiciera una encuesta acerca del seguimiento mediático de esta campaña electoral, sin duda se llevaría el premio a la más “vista” en México de todos los tiempos. La más vista, no la más participativa en cuanto a número de votantes. El voto mental que todo televidente emitía a diario durante la campaña mediática no llegó a las urnas por parte un enorme porcentaje de la población. Los peligros de la ilusión participativa de los medios.
El 2 de julio sólo fue un capítulo más en este sitcom electoral que era aún mejor que “El privilegio de mandar”. El proceso electoral televisado, desde el voto de Carlos Fuentes hasta el desvelo de López Dóriga, probó que se trataba de un evento mediático, como el mundial de fútbol o la muerte del Papa. El problema ahora es que, a diferencia de los jugadores de la selección o el difunto Papa, los candidato electorales que gozaron de mayor popularidad durante la campaña quieren, literalmente ¡que siga la fiesta!
Y es que era tan bonito estar todas las mañanas en la pantalla. Ser entrevistados por los peinaditos de televisa: Loret de Mola o López Dóriga. Hablar y ser aplaudidos por las multitudes sentadas en su sillón. Verse cada media hora en cualquier canal. Y ahora, ¿por un simple acto electoral se va a acabar toda esa lindura? No señores. Claro que no. ¡Voto por voto! ¡Casilla por casilla!
Ninguno de los dos candidatos ha entendido que, ahem, ¿cómo decirles?¡ Las elecciones son el fin de la campaña electoral! Sí, señores. Siento mucho deciros tal horrible verdad, pero, al menos en este país, así se acostumbra, ¿O se acostumbraba?
Ahora, como los comerciales en las televisoras cuestan más caros cuando sale el azulito o el amarillito, pues venga nos.
Calderón sigue utilizando el lenguaje de la campaña electoral. En una entrevista que le hizo Andrés Oppenheimer, hablaba de la política nacional como un niño optimista salido de Harvard. Ah, perdón, pues de ahí salió ¿no? Incluso llegó a manifestar su largamente pensada solución a la inmigración ilegal a los Estado Unidos. Sí, que nuestro país vecino construya carreteras en México en vez de muro fronterizo. Así nuestros paisanos, ¿qué? ¿ Se pasearán de pueblo jodido en pueblo jodido? Pero bueno, ni siquiera eso es lo utópico del asunto, sino que cree que Estado Unidos dejará de gastar en la guerra de Irak para venir a construirle las carreteras que quiere, ¿qué lindo, no?
Todo lo que dijo en la entrevista era por el mismo tono, como si aún estuviera en pos de ganar votos. Diciendo todo lo que se “esperaba” que dijese, con un optimismo bruto. No dándose cuenta que, duh, los del IFE son sus compas, y que ya la tiene asegurada con Ugalde. Pero no, eso no es divertido. Es mejor seguir en la campaña, ¿o es que es verdad lo que muestra su lenguaje corporal? Este hombre parece tener miedo de ser presidente. Pareciera que sabe que la silla le queda muy grande. Que tiene sus manos limpias muy chiquitas para levantarlas y dar el grito desde el balcón el 15 de septiembre. Está difícil su situación. Por eso prefiere cerrar los ojos y pedir que este verano electoral dure toda la vida. Tan bonito que es estar enamorado.
López Obrador, no sólo disfruta su actuación en los medios, sino que se delata cuando está parado en el zócalo de la capital: los ojos se le humedecen, pero no por la emoción de su causa, sino por el saber que toda esa gente lo aplaudiría por seis años, y ya no se le hizo. Así que quiere prologar también el amor de verano todo lo que se pueda, aunque sea deshojando las margaritas de las boletas electorales.
Mientras todo eso sucede en el mundo del espectáculo, los ciudadanos “reales” presenciamos como se devalúa nuestro proceso electoral. Como a casi un mes de haber emitido nuestro voto, aún no sabemos quién nos gobernará los próximos seis años. Y, peor aún, en la vida real, la solución de los problemas nacionales del presente se encuentra estancada, como si no tuviésemos ahora un presidente electo desde el 2000, quién pareciera que, como todos nosotros, ve los conflictos como el de Oaxaca desde su televisión, mientras que junto a Marthita espera el siguiente capítulo de su telenovela favorita que ya se ha alargado a petición del público: “La campaña electoral 2006.”
jueves, julio 27
De como empecé a vivirme en la interzone
No habían pasado ni dos minutos de haber ingerido el último bocado de un sushi de dos días de refrigeración, cuando empecé a sentir en mi cuerpo los síntomas inconfundibles de una enfermedad literaria.
Hace casi cuatro años tuve una infección borgiana (ver mi blog en 2002). Esta vez, sin duda, era burroughsiana.
Fui inmediatamente al espejo del baño y lo constaté: estaba sufriendo una intoxicación. La invasión de la bacteria que ahora me provocaba un vértigo tremendo había sido fulminante. Sin duda, esa bacteria invadió mi torrente sanguíneo y llegó de inmediato a mi cerebro.
La noche anterior, me había ocupado de analizar en un ensayo la paranoia en la obra de William Burroughs. Esa mañana, literalmente, había sido yo quien engulló el Naked Lunch.
Lo pensé un poco mientras sentía como me estaba hundiendo en un vórtice negro en el que sin duda pronto perdería la conciencia. El siguiente paso era buscar un médico. Era domingo y ello sería difícil, así que lo mejor era aguantar todo lo posible hasta que el vomitar más me resultara imposible. El problema era que no tenía ganas de vomitar.
Me pensé muerta. Hace unos años, unas calles arriba de la casa de mis padres, murió una mujer embarazada de veinticinco años, a las pocas horas de haber comido queso fresco. Mi caso, sin duda, era de lo más similar. Incluso peor, pues yo había ingerido pescado crudo, muchísimo más tóxico que un trozo de queso.
Tuve dificultad de respirar y estaba sintiendo unos tremendos escalofríos. Pero no estaba segura si era la enfermedad o el calor tremendo que hace dos meses hierve la ciudad. No, lo más probable era la intoxicación que, para ese momento, ya estaba alterando todas mis funciones vitales.
Las imágenes burroughsianas pendían de hilos en mi mente. Sustancias viscosas de color verde que emanan de órganos genitales. Extrañas enfermedades en las que los hombres mueren víctimas de un ataque de su propio pene. Mi visión estaba borrosa y no pude pararme rumbo al baño. El preámbulo de la muerte había iniciado.
Jamás he imaginado mi muerte. Como cualquiera, espero que no sea dolorosa. Eso sí, creo que será producto de una enfermedad muy extraña.
Acostada bajo el ventilador que cuelga del techo de mi recámara, mi mente se hundió tanto que caí dormida. No sé cuánto tiempo, sólo sé que, al despertar, todos mis síntomas habían desaparecido.
No morí. No vomité. Ni siquiera tuve alguna leve diarrea.
Al dormir, mi mente se había ocupado de otros asuntos; por ejemplo, el soñar. La ficción de mi enfermedad fue abandonada en pos de una mejor narrativa.
Ésas son las características de las enfermedades literarias. No existe dolor, ni síntomas físicos. La patología se desarrolla en la mente. Crece en la mente. Llega a sus peores consecuencias en la mente.
Y ahí mismo, como al cerrar un libro, cede.
lunes, julio 17
viernes, julio 7
Un mexicano a la presidencia
México continuará viviendo un sistema político fallido hasta que decida emprender su propio camino, dejando de imitar estructuras extranjeras que jamás le sentarán.
El PAN es el más norteamericano de los partidos. El PRI es mestizo, una mezcla de lo extranjero con lo mexicano. El PRD es el más mexicano de los tres. Sí, así de problemático como es.
El problema con llevar un mexicano a la presidencia es que gran parte de la población se avergüenza de su mexicanidad. No soportaría verse expuesto durante seis años ante los norteamericanos, los europeos y los asiáticos de un modo constante y sistemático como sucedería si tuviéramos un presidente mexicano. Es preferible enviar a un mexicano más light en su representación. Un mexicano cuya mexicanidad no resalte entre los presidentes de otros países. Un “ciudadano del mundo”.
Un presidente mexicano marcaría su territorio y no permitiría la intervención extranjera. Un presidente mexicano cortaría importantes lazos empresariales que están acabando con nuestros recursos naturales y enfermando a nuestra población. Un presidente mexicano nos llevaría a rascarnos con nuestras propias uñas que, si las vemos, son bastante fuertes; sólo que por el momento las utilizamos para rascar a las trasnacionales.
Todo esto, por supuesto, es lo que debería ser. Demos gracias al miedo que nos salva de tales calamidades. Agradezcamos que, por seis años más, seremos protegidos de nosotros mismos. Durante seis años más permaneceremos ocultos, mostrando la hipocresía de nuestros grandiosos avances tecnológicos y comerciales en los mejores barrios del D.F, Guadalajara y Monterrey. Quién sabe, tal vez para el 2012 la olla de presión de la mexicanidad esté lista para estallar como le sucedió a Porfirio Diaz con la revolución. Pero también puede ser que para entonces los programas para “erradicar” la pobreza hayan sido tan exitosos como los diseñados para erradicar la mexicanidad.
México continuará viviendo un sistema político fallido hasta que decida emprender su propio camino, dejando de imitar estructuras extranjeras que jamás le sentarán.
El PAN es el más norteamericano de los partidos. El PRI es mestizo, una mezcla de lo extranjero con lo mexicano. El PRD es el más mexicano de los tres. Sí, así de problemático como es.
El problema con llevar un mexicano a la presidencia es que gran parte de la población se avergüenza de su mexicanidad. No soportaría verse expuesto durante seis años ante los norteamericanos, los europeos y los asiáticos de un modo constante y sistemático como sucedería si tuviéramos un presidente mexicano. Es preferible enviar a un mexicano más light en su representación. Un mexicano cuya mexicanidad no resalte entre los presidentes de otros países. Un “ciudadano del mundo”.
Un presidente mexicano marcaría su territorio y no permitiría la intervención extranjera. Un presidente mexicano cortaría importantes lazos empresariales que están acabando con nuestros recursos naturales y enfermando a nuestra población. Un presidente mexicano nos llevaría a rascarnos con nuestras propias uñas que, si las vemos, son bastante fuertes; sólo que por el momento las utilizamos para rascar a las trasnacionales.
Todo esto, por supuesto, es lo que debería ser. Demos gracias al miedo que nos salva de tales calamidades. Agradezcamos que, por seis años más, seremos protegidos de nosotros mismos. Durante seis años más permaneceremos ocultos, mostrando la hipocresía de nuestros grandiosos avances tecnológicos y comerciales en los mejores barrios del D.F, Guadalajara y Monterrey. Quién sabe, tal vez para el 2012 la olla de presión de la mexicanidad esté lista para estallar como le sucedió a Porfirio Diaz con la revolución. Pero también puede ser que para entonces los programas para “erradicar” la pobreza hayan sido tan exitosos como los diseñados para erradicar la mexicanidad.
martes, julio 4
EL ETERNO RETORNO DE LOS ELIMINADOS
Mexicanidad y fútbol
Aquí un link a un texto mío que apareció este domingo en emeequis, publicación semanal descendiente de larevista de El Universal.
Checa aquí:
http://www.eme-equis.com.mx/022MXFUT.html
viernes, junio 30
METAFÍSICA DE LA FUGA(de agua)
Ni siquiera los rusos podrían escribir un absurdismo tan genial como el que se "escribe" a diario y en vivo en las instituciones de servicios públicos mexicanas. Una fuga de agua me proporcionó mejores ratos que la lectura de Yelizabeta Bam.
Mi banqueta estaba likeando (término en spanglish para "gotear", que no debe leerse como "laikeando", sino como "likiando"). Eran las once de la noche. Más de media cuadra estaba ya ligeramente inundada. Decidí marcar el 073. Para mi sorpresa, me respondieron, y no sólo eso, sino que me aseguraron que una cuadrilla estaría en mi casa en media hora.
Aquí inicia la verdadera historia, pues es obvio que llegó la media noche y nadie apareció. Estuve sentada junto a la ventana, aún esperanzada de que vendrían, entiendiendo con ello las razones por las que miles de mexicanos veíamos el partido de la selección nacional. Faltaban quince para la una cuando, para mi gran asombro, -que hubiese sido menos alterado si no hubieran llegado- llegaron. Era un par de hombres medio altos, muy norteños, en un pick up de la Comisión Estatal de Servicios Públicos del Estado (que en adelante, se llamará CESPT). Bajaron de su auto.
Transcurrió más tiempo en el decir buenas noches, cómo está, que en resolver el problema. Uno de ellos, levantando la ceja y con una voz muy decidida, nos comentó a su compañero y a mí: "Se está tirando el agua. Sale de aquí, de adentro de la banqueta. Que mañana se lo vengan a arreglar". Y así, levantando la mano con resolución heroica, satisfecho de la revelación que me había hecho, me dio un cordial buenas noches, subió a su pick up y, junto con su compañero, se fue.
Tardé casi cinco minutos en cerrar la boca. Diez más en pronunciar una palabra.
A la mañana siguiente, temprano, antes de las nueve, ya estaba aquí la cuadrilla que, ahora sí, se encargaría de contener la fuga. Resolvería el problema. Todavía medio dormida, alisándome el cabello, salí a presenciar el dominio del hombre sobre la fuerza de la naturaleza.
"El agua se está tirando por dentro". Me dijo un hombre algo moreno, ya más asoleado por su turno matutino. Entonces lanzó una mirada diagnóstica a mi recién encementada banqueta y dijo: "Tienen que venir a romper. Al rato traen la máquina". Y de nuevo, sin considerar ningún tipo de costos de mantenimiento, sin pensar en los impuestos que se estaban yendo en los ya casi tres viajes hasta la lejanía de mi hogar, sin pensar en que existe algo así como la eficiencia, y sin, tampoco, dubitar, subió a su pick up de seis cilindros y se despidió con un: "Al rato vienen".
Cuando ví esto me sentí triste. Sin duda había algo malo en mí. Una pérdida. Alguien verdaderamente en contacto con su mexicanidad no juzgaría lo que pasaba como lo estaba haciendo yo. Tal vez mis frecuentes idas a San Diego fueron la causa. Tal vez las caricaturas de Bugs Bunny. O, peor aún, el béisbol de los Padres de San Diego que jamás me perdía, junto a mi padre, en el estadio Jack Murphy (ahora el risible PETCO Park) o en la tele de la Kmart o en la XEBG 1550. La cuestión es que la actitud de los empleados de la CESPT me resultó desconcertante. No podría decir irresponsable. Lo definiría mejor con algo como "asombrosa".
Ya como a las doce del día llegó una cuadrilla bien equipada. Un pick up. Tres hombres y una excavadora. Un humor imparable y una sarta de pretextos.
Cuando ví la excavadora todo cobró sentido. Hacía dos días que esa misma excavadora había estado frente a mi casa. Reparando una tubería rota. ¡Habían sido ellos! ¡Todo esto lo habían causado ellos mismos!
Me tranquilicé un poco. Yo sí vengo de una tradición de la cordura. En mi mundo uno no es imprudente. Uno saber entender. Ellos no estaban mal; ellos sólo eran "diferentes". Además, al fin de cuentas ellos lo estaban reparando. Mi única preocupación era el próximo recibo de agua.
"Oiga" le pregunté a uno de ellos, un hombre aún más moreno que los anteriores "¿y qué va a pasar con el agua que se estuvo tirando?" Me miró con cara de sorpresa, respondiendo, sin hablar, algo así como: "Pues ya se la tragó la tierra". Entendí su respuesta, así que reformulé mi frase: "Yo no voy a pagar esa agua, ¿verdad?". Con toda educación y en tono solemne me dijo: "Ése es un asunto que tiene que arreglar en la oficina. Nosotros no somos los que cobramos". Y hubo una risa leve en su rostro. De esa risa que sólo se adivina y por lo tanto no es imputable. Yo apreté los dientes y me metí a la casa.
Estuvieron perforando mi banqueta durante casi una hora. Sólo que eso no era una obra pública, sino la interacción de un grupo de comediantes que, en esta ocasión, agujeraban una banqueta. Cuando ya divisaban el tubo de donde salía el agua, uno de ellos, con la voz chillona del "mexicano enano" de Oscar Monroy, exclamó: "¡se pone verde!" y todos se rieron ante esa "ingeniosa" remembranza del comercial de Ajax. Las bromas y las idas al pick up a darle un trago a la caguama siguieron, mientras cerros de lodo eran depositados en la entrada de mi cochera. Tocaron a mi puerta.
"Mire, lo que pasa es que le pusieron esta pieza defectuosa. Ya vienen así de fábrica". Y una risa porcina se escapó entre sus dientes y los de sus compañeros. Estuve a punto de dar el ¡plop! de Condorito, pero me contuve para preguntarles cuándo vendrían a reparar mi banqueta.
"Ésos son otros. Tienen de uno a diez días para venirle a reparar. Si no vienen, llámeles". Y de nuevo se fue con una despedida que decía que en esta vida no pasa nada en realidad, que todos los problemas los hago yo, que la vida es relajada, cómica. Que la vida no debe tomarse en serio. Me reí. Me reí tanto que estuve apunto de llorar. De llorar de tristeza.
Han pasado cuatro días. Con el calor que ha hecho, el lodo frente a mi casa se ha vuelto un cerro duro. Y la zanja que cavaron, ya seca y oscura, rodeada de un escandaloso listón amarillo, me ruega todos los días que salte hacia adentro. Que al cabo si me caigo ahí no pasa nada. Que no pasa de que llegue, tres horas después, la Cruz Roja. Y que al verme ahí dentro, se digan entre ellos: "Sí, se cayó. Mañana vienen a sacarla".
Ni siquiera los rusos podrían escribir un absurdismo tan genial como el que se "escribe" a diario y en vivo en las instituciones de servicios públicos mexicanas. Una fuga de agua me proporcionó mejores ratos que la lectura de Yelizabeta Bam.
Mi banqueta estaba likeando (término en spanglish para "gotear", que no debe leerse como "laikeando", sino como "likiando"). Eran las once de la noche. Más de media cuadra estaba ya ligeramente inundada. Decidí marcar el 073. Para mi sorpresa, me respondieron, y no sólo eso, sino que me aseguraron que una cuadrilla estaría en mi casa en media hora.
Aquí inicia la verdadera historia, pues es obvio que llegó la media noche y nadie apareció. Estuve sentada junto a la ventana, aún esperanzada de que vendrían, entiendiendo con ello las razones por las que miles de mexicanos veíamos el partido de la selección nacional. Faltaban quince para la una cuando, para mi gran asombro, -que hubiese sido menos alterado si no hubieran llegado- llegaron. Era un par de hombres medio altos, muy norteños, en un pick up de la Comisión Estatal de Servicios Públicos del Estado (que en adelante, se llamará CESPT). Bajaron de su auto.
Transcurrió más tiempo en el decir buenas noches, cómo está, que en resolver el problema. Uno de ellos, levantando la ceja y con una voz muy decidida, nos comentó a su compañero y a mí: "Se está tirando el agua. Sale de aquí, de adentro de la banqueta. Que mañana se lo vengan a arreglar". Y así, levantando la mano con resolución heroica, satisfecho de la revelación que me había hecho, me dio un cordial buenas noches, subió a su pick up y, junto con su compañero, se fue.
Tardé casi cinco minutos en cerrar la boca. Diez más en pronunciar una palabra.
A la mañana siguiente, temprano, antes de las nueve, ya estaba aquí la cuadrilla que, ahora sí, se encargaría de contener la fuga. Resolvería el problema. Todavía medio dormida, alisándome el cabello, salí a presenciar el dominio del hombre sobre la fuerza de la naturaleza.
"El agua se está tirando por dentro". Me dijo un hombre algo moreno, ya más asoleado por su turno matutino. Entonces lanzó una mirada diagnóstica a mi recién encementada banqueta y dijo: "Tienen que venir a romper. Al rato traen la máquina". Y de nuevo, sin considerar ningún tipo de costos de mantenimiento, sin pensar en los impuestos que se estaban yendo en los ya casi tres viajes hasta la lejanía de mi hogar, sin pensar en que existe algo así como la eficiencia, y sin, tampoco, dubitar, subió a su pick up de seis cilindros y se despidió con un: "Al rato vienen".
Cuando ví esto me sentí triste. Sin duda había algo malo en mí. Una pérdida. Alguien verdaderamente en contacto con su mexicanidad no juzgaría lo que pasaba como lo estaba haciendo yo. Tal vez mis frecuentes idas a San Diego fueron la causa. Tal vez las caricaturas de Bugs Bunny. O, peor aún, el béisbol de los Padres de San Diego que jamás me perdía, junto a mi padre, en el estadio Jack Murphy (ahora el risible PETCO Park) o en la tele de la Kmart o en la XEBG 1550. La cuestión es que la actitud de los empleados de la CESPT me resultó desconcertante. No podría decir irresponsable. Lo definiría mejor con algo como "asombrosa".
Ya como a las doce del día llegó una cuadrilla bien equipada. Un pick up. Tres hombres y una excavadora. Un humor imparable y una sarta de pretextos.
Cuando ví la excavadora todo cobró sentido. Hacía dos días que esa misma excavadora había estado frente a mi casa. Reparando una tubería rota. ¡Habían sido ellos! ¡Todo esto lo habían causado ellos mismos!
Me tranquilicé un poco. Yo sí vengo de una tradición de la cordura. En mi mundo uno no es imprudente. Uno saber entender. Ellos no estaban mal; ellos sólo eran "diferentes". Además, al fin de cuentas ellos lo estaban reparando. Mi única preocupación era el próximo recibo de agua.
"Oiga" le pregunté a uno de ellos, un hombre aún más moreno que los anteriores "¿y qué va a pasar con el agua que se estuvo tirando?" Me miró con cara de sorpresa, respondiendo, sin hablar, algo así como: "Pues ya se la tragó la tierra". Entendí su respuesta, así que reformulé mi frase: "Yo no voy a pagar esa agua, ¿verdad?". Con toda educación y en tono solemne me dijo: "Ése es un asunto que tiene que arreglar en la oficina. Nosotros no somos los que cobramos". Y hubo una risa leve en su rostro. De esa risa que sólo se adivina y por lo tanto no es imputable. Yo apreté los dientes y me metí a la casa.
Estuvieron perforando mi banqueta durante casi una hora. Sólo que eso no era una obra pública, sino la interacción de un grupo de comediantes que, en esta ocasión, agujeraban una banqueta. Cuando ya divisaban el tubo de donde salía el agua, uno de ellos, con la voz chillona del "mexicano enano" de Oscar Monroy, exclamó: "¡se pone verde!" y todos se rieron ante esa "ingeniosa" remembranza del comercial de Ajax. Las bromas y las idas al pick up a darle un trago a la caguama siguieron, mientras cerros de lodo eran depositados en la entrada de mi cochera. Tocaron a mi puerta.
"Mire, lo que pasa es que le pusieron esta pieza defectuosa. Ya vienen así de fábrica". Y una risa porcina se escapó entre sus dientes y los de sus compañeros. Estuve a punto de dar el ¡plop! de Condorito, pero me contuve para preguntarles cuándo vendrían a reparar mi banqueta.
"Ésos son otros. Tienen de uno a diez días para venirle a reparar. Si no vienen, llámeles". Y de nuevo se fue con una despedida que decía que en esta vida no pasa nada en realidad, que todos los problemas los hago yo, que la vida es relajada, cómica. Que la vida no debe tomarse en serio. Me reí. Me reí tanto que estuve apunto de llorar. De llorar de tristeza.
Han pasado cuatro días. Con el calor que ha hecho, el lodo frente a mi casa se ha vuelto un cerro duro. Y la zanja que cavaron, ya seca y oscura, rodeada de un escandaloso listón amarillo, me ruega todos los días que salte hacia adentro. Que al cabo si me caigo ahí no pasa nada. Que no pasa de que llegue, tres horas después, la Cruz Roja. Y que al verme ahí dentro, se digan entre ellos: "Sí, se cayó. Mañana vienen a sacarla".
domingo, junio 25
DE CAMPAÑAS ELECTORALES
La ofensa a la inteligencia de la población mexicana que hacen las campañas electorales se incrementó en esta ocasión que se contrataron asesores extranjeros. Dentro de un pensamiento del everything goes colocar el logotipo del partido en un balón para una caricatura como lo hace el PRI es, aparentemente, un modo de ganar votos. ¿Votos de quién?
Dice Slavoj Zizek:
¿porqué habría de llevar a un mejor resultado la discusión democrática en la que participa la mayoría, cuando, cognitivamente hablando, esa mayoría permanece en la ignorancia? Por lo tanto, la frustración política de la mayoría es comprensible: se los convoca a decidir, mientras que, reciben el mensaje de que no están en posición de decidir.
Cada pelea entre los partidos políticos lanza este mensaje. Nos restriegan en la cara el que seamos una ciudadanía tan ignorante a quien realmente se le puede manipular con trifulcas como las acusaciones a un cuñado del candidato como lo hizo Obrador con Calderón. Pareciera que la decisión política pudiese oscilar como las preferencias a Niurka o a Bobby. El futuro presidente, ya sea Madrazo, Calderón o López Obrador no piensa en el pueblo como un conjunto de ciudadanos, sino como una máquina de ratings. Quede quien quede de los tres, actuará su personaje de "presidente" para los que considera una sarta de idiotas: los mexicanos.