lunes, noviembre 13


Crisis de imaginación


Encontrarse narrado causa incomodidad. Si bien sabemos que en algún sitio fuimos narrados antes de nacer, esperamos nunca dar con ese texto. Creer que nuestra existencia depende solamente de nuestras decisiones. Por ello la gran mayoría rehuye a la lectura.

Quienes, ávidos por ser devastados por tal encuentro consumimos libro tras libro, historia tras historia, buscamos alterar nuestro destino. Si conseguimos, auxiliados por nuestro afán, localizarnos al fin descritos por cierta pluma ajena, creemos haber encontrado la salvación. Poseemos ahora nuestro propio destino. Desde ese instante, tal narración continuará a partir de nosotros. A voluntad.

Nada más iluso. Un mito. Pues ahora, conociendo nuestro sino en ese personaje, nos comprometemos más que cualquier otro a cumplir cabalmente tal destino. Entonces maldecimos nuestra búsqueda inicial, que no era sino el pretexto para encontrar solución a una historia personal que no sabíamos cómo continuar. Una crisis de imaginación.

El lector ávido suplanta su hambre de creación con el alimento de otros. Es un holgazán de su existencia.